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OPINION

Cristina en modo Néstor

La vicepresidenta deja de lado su habitual sesgo ideológico para organizar su discurso y su acción hacia una veta más pragmática y abarcativa

“Si usted cree que Cristina no quiere pagar está absolutamente equivocada. Cristina fue pagadora compulsiva de las deudas del país cuando fue Presidenta. No se equivoque…”. Kristalina Georgieva escuchó la contundente frase el viernes 14 de mayo pasado en Roma.

Hacía media hora que había conocido personalmente a Alberto Fernández y no necesitó siquiera preguntar directamente por el gran fantasma del Fondo Monetario Internacional para que el presidente argentino hablara sobre su vice sin eufemismos.

El gesto de Cristina fue el preludio ideal para la visita de Jake Sullivan, el enviado de Joe Biden a la región en estos días. Pero no fue el único. CFK —emulando la campaña del 2019— transita el período preelectoral en modo Néstor Kirchner. Es decir, deja de lado su habitual sesgo ideológico para organizar su discurso y su acción hacia una veta más pragmática y abarcativa. No es sólo un giro hacia el centro. Es también dar señales de amistad y lealtad a los gobernadores, como lo demostró con Omar Perotti.

Después del fracaso del Frente de Todos por unificar las listas de Santa Fe, Cristina regresó al Instituto Patria por primera vez post pandemia, sólo para fotografiarse con los candidatos oficialistas que enfrentarán al díscolo Agustín Rossi. CFK demostró —por primera vez ostentando poder— que es capaz también de tragarse sapos. Perotti fue uno de los que habilitó los allanamientos de Claudio Bonadío a la vicepresidenta cuando ambos eran senadores. Nadie duda que su afinidad con Rossi, quien la bancó en el desierto, es mucho más profunda. Pero ella se alineó con la unidad de la coalición y no es mujer de jugar a dos puntas. El Gobierno camina a cinco semanas de las PASO con números fijos en la cabeza.

Las 15 bancas en el Senado y las 53 en Diputados que necesita renovar para mantener la actual mayoría en ambas Cámaras. Sabe que baila con la más fea. Porque los oficialismos de todo el mundo perdieron en pandemia. Pero la atomización de la oposición y la falta de discusión profunda sobre el rumbo le da alguna ventaja.

En el lodazal en el que se convirtió la discusión política del momento, con diputados dispuestos a erosionar la moral de cualquier mujer que encuentren en las listas de ingresantes a Olivos, todos pierden. Pero está claro que barro por barro el peronismo lleva históricamente ventaja. Si el electorado votó a pesar de los bolsos de López, qué le hace un ingreso más o menos en la residencia en medio de la cuarentena…

La oposición, en cambio, hace culto del deber ser. Y el peso de un personaje retrógrado y sin capacidad de arrepentimiento público como Fernando Iglesias es un claro peso plomo para María Eugenia Vidal.
¿Se animará la oposición a dar libertad de conciencia en la Cámara cuando se vote en el recinto el pedido de sanción disciplinaria al diputado que presentó Gabriela Cerruti?

El peronismo, en ese sentido, ya sentó precedente. Sergio Massa no dudó ni un minuto en quitarle la banca al diputado Juan Ameri cuando fue captado en plena sesión besándole el seno a su compañera.
Aunque Patricia Bullrich diga que no piensa entregarlo, Iglesias —que actúa más como un barra brava mediático que como legislador— mancilló el honor de varias mujeres, entre ellas, una figura pública con 40 años de trayectoria como Florencia Peña. Y no quedó colectivo feminista sin repudiarlo. ¿El PRO y los radicales lo van a perdonar o van a usarlo como límite a la falta de códigos en esa generación de outsiders de la política que siguen sostenidos por conveniencia de Mauricio Macri?

Encima por su bravuconada conceptualmente demodé, la discusión absolutamente válida sobre si hubo reuniones sociales en Olivos en plena cuarentena quedó desdibujada. Alberto Fernández podrá explicar lo que quiera. El resto de las reuniones de trabajo sí están justificadas. Ni el Presidente, ni los gobernadores, ni el Jefe de Gobierno porteño se reunían vía zoom. Es imposible tratar temas de Estado y delicados sin saber si del otro lado te están grabando.

La clase política, la clase dirigente, el periodismo y los empresarios, fuimos absolutos privilegiados laborales y sociales en medio de la pandemia.

En medio de ese barro, la llegada del Consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos fue casi un oasis para el Presidente. Sullivan llegó azorado de Brasil, donde Jair Bolsonaro lo recibió al grito de “estoy trabajando para que no me hagan fraude electoral como le hicieron a Trump” (sic). Al presidente brasileño le faltó decir como le hicieron “ustedes a Trump”…

Está claro que para los demócratas Fernández, al lado de Bolsonaro, es Churchill. Sullivan se fue de Brasil convencido que el país es un polvorín político a corto plazo. Y que Bolsonaro junto con un sector del Ejército está dispuesto a resistir en el poder a cualquier costo.

En ese marco, la diplomacia argentina camina pensando en un rol central para Alberto en la próxima Cumbre de las Américas que será en febrero en EEUU. Fernández hizo todo lo necesario para congraciarse con el visitante y más: “Yo no lo conozco a Biden, pero no debe haber habido en el mundo nadie que haya deseado más su triunfo como yo. Porque nadie le hizo más mal a América Latina que Trump”, dijo edulcoradamente promediando el almuerzo.

Está claro que el punto de unión absoluta de Argentina con Estados Unidos es la agenda verde. Ahí no hay disidencias en una posición intermedia entre China, el gran contaminante mundial, y Francia o Europa que, al no tener yacimientos de petróleo ni de gas, se ponen en un extremo verde imposible de sostener por países productores como el nuestro.

Obvio que las negociaciones con el FMI también fueron parte del almuerzo. “Tenemos claro que el problema de la deuda argentina no es sólo económico, sino también político”, reconoció Sullivan en un momento del diálogo. La frase fue música para los oídos de Fernández, quien sigue sin poder penetrar de la misma manera en el Tesoro americano. No es para menos. David Lipton, ahora en el Tesoro, fue quien avaló como funcionario del FMI el inédito préstamo a Mauricio Macri.

Nadie está obligado a declarar en su propia contra. Reconocer que el préstamo tuvo un alto componente político seria reconocer su propia impericia. De todas maneras algo está claro a esta altura. Si el gobierno quisiera apurar los tiempos con el Fondo podría hacerlo a partir de Septiembre cuando se vote dejar de cobrar sobre tasas a los países sobre endeudados como el nuestro.

¿El anuncio de un acuerdo podría ser una última jugada preelectoral? Es improbable. Básicamente porque el Gobierno no percibe a la sociedad pendiente del Fondo. Sí, desde ya, sería un alivio para los factores de poder que siempre marcan agenda pública.

Lo que sí está claro es que Martín Guzmán de a poco va logrando alinear los planetas del Frente de Todos en post de su objetivo. Y que serán las encuestas, en todo caso, las que apuren o ralenticen el inminente acuerdo.


Por Nancy Pazos
(Infobae)

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