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OPINION

El mayor desafío de Alberto Fernández: revertir la desconfianza

A los anuncios no cumplidos por la pandemia se suma la crisis económica y la devaluación de la palabra presidencial. Sin confianza externa e interna, nadie invierte ni apuesta por el país.

El mayor desafío de Alberto Fernández: revertir la desconfianza

“La sociedad de la desconfianza” es un concepto que introduce el historiador y filósofo francés Pierre Rosanvallon al marcar que para un gobierno es clave no sólo la legitimidad sino también la confianza de la sociedad. Bajo esa lupa, considera que la desconfianza es un mal necesario porque se convierte en una suerte de control hacia los gobernantes de turno. Pero el riesgo acecha cuando el nivel de desconfianza es tan alto que pone en peligro el vínculo entre gobierno y sociedad.

“Los argentinos somos desconfiados hacia el futuro porque en el pasado ya nos jodieron”, señala con crudeza el politólogo Andrés Malamud, en una reflexión sobre la historia de crisis recurrentes que padecimos los argentinos.

Ahora bien, qué ocurre cuando además del pasado, en el presente la palabra presidencial se devalúa junto con las dudas acerca de quién detenta el poder –si Alberto Fernández o Cristina Kirchner-; el rumbo económico es incierto porque hay desinversión, más pobreza y desocupación; se profundiza la grieta política; y el único logro que puede exhibir el Poder Ejecutivo es la campaña de vacunación.

De acuerdo con el índice de confianza que elabora desde hace dos décadas la Universidad Di Tella, en mayo de 2021 respecto de mayo 2020, cuando había pasado la primera etapa de la pandemia en el que la imagen presidencial creció por su disposición a consensuar y trabajar con la oposición contra el virus, la confianza en la gestión de Alberto Fernández cayó un 36%. Un segundo dato; el actual nivel de confianza está por debajo del que tenía Mauricio Macri en diciembre de 2019 al dejar el poder.

El gobierno de Alberto F. se encuentra inmerso en un cuadro de profunda desconfianza por parte de una franja importante de la sociedad y de los sectores de la producción y el trabajo.

“La confianza no sólo es externa, es interna, el argentino no confía en Argentina. ¿Cómo se expresa eso? A través de los precios. La confianza y la expectativa futura siempre se manifiesta a través del precio, por eso Argentina tiene que pagar más tasa de interés que el resto, incluso Perú”, asegura a Clarín Claudio Zuchovicki, director Ejecutivo de BYMA (Bolsas y Mercados Argentinos).

El especialista pone como ejemplo a Perú, convulsionado por estos días por la política y por la pandemia. “Un sol peruano y un peso argentino valían lo mismo hace 20 años. A pesar de que Perú tuvo tres presidentes presos, uno suicidado, una elección con una segunda vuelta fenomenal porque fue entre dos personas que piensan completamente distinto y ninguno en la primera vuelta sacó más del 20 por ciento de los votos. En ese estado, hoy con un sol peruano comprás 24 pesos argentinos, fíjate la devaluación”, expone.

La alta desconfianza actual tiene varias categorías. La primera de ellas podría ser, desconfianza sobre quién detenta el poder. Porque Cristina Kirchner ha torcido el rumbo de muchas decisiones de Alberto Fernández. La vicepresidenta le ha vetado al dueño de la lapicera la relación cordial con Horacio Rodríguez Larreta en el inicio de la pandemia; la estrategia de negociación con el FMI que pasó de la necesidad inmediata a patearse para después de las elecciones; la designación como candidato a la Procuración de Daniel Rafecas; el aumento de tarifas en el AMBA; la decisión tomada por el Presidente junto a su ministro de Economía Martín Guzmán de echar al subsecretario de Energía Federico Basualdo; una política exterior crítica hacia el régimen de Nicolás Maduro; entre otras tantas expresiones del kirchnerismo duro contra las políticas de la Casa Rosada.

La desconfianza por la gestión contra la pandemia. Porque el Gobierno anunció que para junio habría 60 millones de vacunas. Prometió algo que nunca debió prometer. Pero no sólo eso, provocó el escándalo del Vacunatorio Vip que terminó eyectado al ministro de Salud, Ginés González García.

Y se hizo el distraído en casos como el del Procurador del Tesoro, Carlos Zannini, que se hizo pasar por personal de salud para vacunarse él y su esposa; o la larga lista de casos en la provincia de Buenos Aires de jóvenes funcionarios y militantes que se vacunaban, subían sus fotos haciendo la “v” y dejaban sin dosis a los grupos de riesgo.

Por Walter Schmidt

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