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OPINION

Las fricciones en la oposición frente a la torpeza oficial

No es ya una novedad que Larreta sigue firme en plan de candidato para 2023. No le sobran alternativas: no puede ir de nuevo por la Ciudad. Está bien posicionado por él mismo y porque el gobierno lo convirtió en candidato y en víctima. También, porque Macri mantiene la incógnita con la atendible razón de que 2023 está lejos, las legislativas cerca y su resultado es una incógnita aún mayor.

Las fricciones en la oposición frente a la torpeza oficial

Pero es novedad que una coalición opositora que debe reforzarse dé en sus alturas más señales sobre una elección lejana que por la cercana, que se avecina a toda velocidad porque, además, el gobierno pareciera actuar en su favor, con gestiones deficitarias con las vacunas y la economía. El oficialismo confía más que nada en su capacidad de caja, habilidad en la que ningún otro le disputa.

Y también es nuevo que Larreta ya no disimule ante algunos auditorios exigentes y se haya lanzado a explicar entre los empresarios principales cómo se mueve ya y tiene decidido moverse después para ser el candidato, alcanzar La Rosada y, por sobre todo, cómo piensa que el país debe ser gobernado. La señal más transparente está lanzada: siente que debe plantar sus candidatos en la Ciudad y en la Provincia. Y que sea claro que son sus candidatos.

Por eso no hubo acuerdo con Patricia Bullrich, que no se sabe si cree que está para presidenciable, pero que ahora representa la eventual candidatura de Macri. Larreta apunta lejos, como si siguiera consejos de Steve Jobs: “Si quieres llegar lejos, no mires la corriente, mira el horizonte”.

Fácil de decir, no tan fácil de seguir: Carrió ya se apuntó públicamente para la provincia, convencida por unas encuestas que le acercaron de que es ganadora holgada. Larreta deberá convencerla, si puede, de ir por segundos puestos si quiere consolidar a Santilli frente al desafío de Jorge Macri y de Facundo Manes, en nombre de un radicalismo que quiere resurgir.

Nadie sabe lo que piensa hacer Macri con su futuro. Larreta dejó trascender que no se siente el “heredero”, lo que es obvio, porque de otro modo la eventual confrontación interna de la que tanto se habla carecería de sentido. En un diálogo en televisión, Macri dijo “qué mejor para los argentinos que en Juntos por el Cambio haya varios candidatos a presidente...

Ganará uno, la gente lo elegirá y el resto lo tiene que acompañar”. Hablaba también de Vidal, que a su regreso de Washington, definirá su futuro sin hablar de 2023: la ex gobernadora piensa que lo principal es su alianza con el jefe de Gobierno porteño y que sus aspiraciones posteriores las definirá una encuesta, no una interna sangrienta.

El horizonte electoral, sin embargo, es difícil de predecir. Los análisis y pronósticos más realistas hablan de resultados previsibles, no de sorpresas que den vuelta el país como una media.

El gobierno quiere presentar esta situación como auspiciosa. Hundido como está en sus propias contradicciones internas, sufriendo desgastes innecesarios por su propia impericia discursiva, el oficialismo aspira a mostrar en noviembre un resultado global favorable que pueda esconder el verdadero problema que enfrenta: la relación de fuerzas en el Congreso no sufriría cambios drásticos. Si así fuera, los proyectos centrales seguirán encallados.

La clave de la estrategia opositora, entonces, es que la capacidad del gobierno para conseguir quórum en Diputados se aleje aún más.

La apuesta del oficialismo es tratar que el rebote económico de la última parte del año cree un “veranito” de consumo, a pesar de la inflación en alza, que la oposición siga atrapada en su propio laberinto y que la vacunación haga el resto. De paso, en el entrevero, colar el acuerdo con el FMI muy cerca de la elección para no darle tiempo a los sectores internos que se oponen a reaccionar.

El gobierno puede estar equivocado si sigue pensando que todo es cuestión de imagen, aunque es cierto que cuando se ingresa en el terreno de la ridiculez es casi imposible volver. Es el funcionamiento el que no funciona, para parafrasear a Cristina que tiene el poder en el oficialismo y que, más temprano que tarde, puede meterse aun más en el manejo del gobierno aprovechando la resignación de que las cosas son como son y que un personaje de tono menor, como decía un ex diplomático reputado, siga tropezando en sus propias torpezas.


Por Ricardo Kirchbaum 

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