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pedido de una madre

Carta abierta al Consejo provincial del Covid

La próxima clase que será vacunada en la ciudad de Formosa es la de 1965. Nací en ese año, estoy sana y no tengo ninguna enfermedad que me clasifique dentro del grupo de riesgo, pero tengo tres hijas que sí están en ese grupo.

Micaela y Sofía, que nacieron con prematurez extrema, pesando solamente 600 gramos cada una, y que como consecuencia de ese nacimiento prematuro hoy sufren diferentes secuelas que las hace pacientes de alto riesgo frente al coronavirus, y Carla que es paciente oncológica en remisión y tiene una insuficiencia respiratoria crónica.

Permanentemente los medios de comunicación nos recuerdan los estragos que causa ese virus y muestran que muchos de los afectados terminan conectados a un respirador.

La mayoría de la gente nunca pasó por esa terrible situación y piensa que a ellos no les va a ocurrir. Yo sé muy bien lo que significa que la vida de un ser querido dependa de un respirador. Pasé más de tres meses parada al lado de mis hijas que estaban permanentemente conectadas con un tubo en la garganta.

Ellas, tan pequeñitas, lloraban sin poder emitir sonido porque el tubo del respirador lo impedía, y era tanta su desesperación que les tenían que atar las manos porque ellas intentaban sacárselo. Yo acompasaba mi respiración al aparato que hacía respirar a mis hijas.

La distancia entre la vida y la muerte casi no existía, era una pesadilla. Hoy mis hijas pueden contagiarse y por sus patologías previas sería muy probable que terminen nuevamente con asistencia respiratoria mecánica. Ni ellas podrían superarlo ni yo tampoco; simplemente no podría pasar nuevamente por lo mismo.

Es por eso que pido a las autoridades que modifiquen el esquema y que antes de seguir inmunizando por año de nacimiento, vacunen primero a todas las personas con discapacidad. Y si eso no es posible, les solicito que por favor autoricen a que pueda cederle a Micaela la vacuna que me corresponde.

Es muy difícil elegir, pero ella es muy frágil y es la que más la necesita.  Solicité las vacunas para ellas por mail al Consejo provincial del COVID y también presenté ese pedido por escrito en Casa de Gobierno y no obtuve respuesta.

No quiero terminar esta carta sin agradecer públicamente al equipo de médicos, asistentes sociales, bioquímicos y enfermeras del Ministerio de Desarrollo Humano, que junto con policías de la provincia, intervinieron en el protocolo que permitió la continuación del tratamiento de rehabilitación de Micaela durante este año tan difícil.

Sé que ellos van a pensar que no corresponde agradecer porque es su trabajo y su deber, pero valoro cómo lo hacen, con voluntad, respeto y gran empatía.

 

Paola Cóspito de Hernández

DNI 17.577.139.

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