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OPINION

La Feudocracia y el eje que va de Formosa a Venezuela

Por Miguel Wiñazki (Columna de los Sábados)

Ese insulto a los Derechos Humanos que encarna la defensa oficial al régimen de Gildo Insfrán es paralelo a la cercanía fáctica e ideológica con Nicolás Maduro, ese asesino de Estado. Todo a su vez se relaciona con el crecimiento de nuevas formas de violencia con apoyo estatal en la Argentina.

Gildo Insfrán, gobernador de Formosa

No se trata ahora del monstruosamente maquinado terrorismo dictatorial del Estado. No ocurre eso hoy, pero sí un exponencial aumento de la violencia pública -digamos- inorgánica, en cierta medida promovida por un discurso y una acción desde el Estado mismo que propicia impunidades.

El motochorro que liquidó a la psicóloga en Ramos Mejía había sido liberado con la excusa de la pandemia. Nada justificó aquella excarcelación “progresista”. Alejandro Miguel Ochoa (55 años) arrasó desde su moto a María Rosa Daglio, que hablaba por celular en la calle y ella murió enseguida. En un segundo una serpiente venenosa motorizada le saca la vida de un tirón a María Rosa. ¿Y los funcionarios del Estado responsables de esas liberaciones letales por qué no responden?

Hay en estos momentos 168 presos de la provincia de Buenos Aires que lograron la detención domiciliaria durante la pandemia, y ahora nadie sabe dónde están. Por cierto no están en sus domicilios. ¿Cuántas muertes producirá esta barbaridad?

Un informe de Human Right Watch denunció las medidas “abusivas” e “insalubres”que se tomaron en Formosa y criticó inapelablemente a Horacio Pietragalla, el Secretario de Derechos Humanos que viajó a Formosa con la manifiesta intención de encubrir los atropellos masivos a los derechos humanos de los formoseños.

Fue justamente en este último 24 de marzo, aniversario del golpe del ‘76, cuando el gobierno anunció su retirada del Grupo de Lima que intercede en favor de los Derechos Humanos en Venezuela. Fue simbólico pero implicó un concreto apoyo a Nicolás Maduro.

Hay una feudocracia, que a la vez encubriría en algunas regiones una narcocracia en abierto ascenso. Es un sistema que implica profundizar el autoritarismo disfrazándolo de progresismo, otorgar piedra libre a los narcos, inventar el dislate del lawfare para exculpar a los altos comandos gubernamentales y ampliar el campo de la pobreza como consecuencia de tanto latifundio de los nuevos commodities; la droga, que requiere de las villas y del amparo político.

El modelo del señorío feudocrático extiende su potestad desde los territorios provinciales hacia los nacionales y aún hacia los regionales. El eje Buenos Aires-Caracas es un esquema de feudalización kirchnerista-bolivariano fundado en insondables razones -todavía relativamente insondables- pero sin dudas vinculados a una sociedad geopolítica y comercial ¿narco comercial? con incidencia iraní y rusa que trasciende las ideas y que arraiga en dineros mal habidos que fueron usurpados aquí y allá por las elites gobernantes.

¿Y entre Paraguay y Formosa, es decir entre los diversos carteles que operan allá y acá, que es lo que está ocurriendo?

Es indispensable investigar las denuncias que formuló Mariana Zuvic. Toneladas de cocaína circulando por las vías fluviales pasando por Rosario y Buenos Aires, y desde allí a Europa.

En el norte del Paraguay opera el Comando Vermelho del Brasil y en el Sur el Primeiro Comando da Capital, que desde San Pablo afila sus garras hacia el sur, en presunta combinación con aliados formoseños.

¿Qué le debe a Insfrán, o mejor, cuánto le debe el gobierno nacional para defenderlo como lo defiende?

Es una protección enmascarada de sofismas.

Escribió Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo: “Una ideología difiere de una simple opinión en que afirma poseer, o bien la clave de la historia, o bien la solución de todos los ‘enigmas del universo’ o el íntimo conocimiento de las leyes universales ocultas de las que se supone que gobiernan a la naturaleza y a la humanidad”. Ese absolutismo tiene otro nombre: farsa.

Hay otra acepción concomitante, precisamente la de Marx: la ideología es una falsa conciencia. Es decir, una mentira ungida como verdad absoluta por las clases dominantes. La clase dominante es la elite imperante de los grandes negocios encubiertos de una fraseología revolucionaria.

Esa “falsa conciencia”, según Marx, acontece cuando los explotados asumen una ideología que no se corresponde con su empobrecida realidad material y sus reales necesidades. Es una enajenación en las ideas de los otros, de los mismos que los subsumen en la miseria, camuflando sus discursos de floripondios revolucionarios mientras consagran la involución más reaccionaria.

Ese atentado a la libertad produce marginalidad, criminalidad, e impunidad para la elite enseñoreada sobre los bienes de todos.

Ese robo, ese atropello, ese fratricidio ocurre, y nos está liquidando mientras los muchachos y la chicas de la liberación se aplican las vacunas para curarse en salud e inocularse en simultáneo la ponzoña de la farsa que tantos réditos produce.

(Clarin)

 

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