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OPINION

De los patriotas del 1800 al Instituto Patria

Antes se vivaba a la Patria. Ahora las vivas se dan en el Patria. Y el bien que cuenta no es público sino privado.

Doctor Alberto Fernández, presidente de la Nación

“No era menos imparcial su administración con respecto a la distribución de empleos y honores. En una época en que estuvieron a su disposición todos los cargos importantes, no hay ejemplo de que alguno fuese concedido al favor. Los ciudadanos beneméritos no tenían necesidad de acercarse al gobierno, y cortejarlo para conseguir el premio de sus servicios. A sus casas los iban a buscar con los empleos de más valor y las recompensas a que eran acreedores. Acaso parecerá inverosímil esta rectitud extraordinaria en un insurgente, mas en testimonio de ser indudable, repárese que el Dr. Moreno fue el alma de la Junta en todo aquel tiempo, que fue mi hermano y que tenía una larga familia a quien favorecer (...) yo he quedado en la misma situación que tenía en el mando de los virreyes, sucediéndole lo mismo a los demás hermanos e individuos de esta casa, de que no hay uno que haya recibido el más mínimo adelantamiento del gobierno revolucionario”.

Estaba en plena efervescencia el escándalo por el Vacunatorio VIP. De visita en Yapeyú, Corrientes, para conmemorar el 243° aniversario del nacimiento de San Martín, el presidente Alberto Fernández, furioso por las repercusiones que culminaron con la salida del ministro de Salud, Ginés González García, echó mano de la evocación de los hombres del 1800 que, a diferencia de él, según afirmó “no tenían que luchar contra la prédica malintencionada de los diarios, la televisión y las redes”, para agregar que solía pensar en San Martín, Belgrano o Güemes como para inspirarse ante esas adversidades que lo atraviesan.

Salvando todas las distancias entre uno y otros, es una lástima que no haya pensado también en Mariano Moreno, de cuya muerte se cumplieron 210 años apenas días después, el 4 de marzo. Hubiera sido un ejemplo muy pertinente, en medio del tumulto que no se acalla acerca de vacunas y vacunados de privilegio, el texto de su hermano Manuel, en “Vida y Memorias de Mariano Moreno”, con que arranca esta columna. Muy difícil imaginar a ese revolucionario, él sí auténtico, fundador de La Gaceta y figura protagónica de los acontecimientos de Mayo, haciendo pasar por izquierda a amigos, parientes o favorecedores para recibir, en aquel tiempo, el equivalente de lo que es hoy la Sputnik V o sucedáneos, y encima falseando sus verdaderas profesiones para enmascararlos como personal de salud.

Es que a los “revolucionarios” de hoy les falta lo que a aquéllos, revolucionarios de verdad, les sobraba. Entre otras cosas, coherencia, moral sin dobleces, sentido de la ética. Antes, las palabras se compadecían con la acción, y el coraje consistía en ser capaces de vivir como pensaban. Ahora se cacarea en campaña -para usar un término tan de moda en estos días- para , más que las gallinas, terminar haciendo como los teros: pegar el grito en un lugar, o prometer una cosa en campaña, y una vez alcanzado el poder, poner los huevos, o los actos y las acciones, en otro muy diferente. Algo así como aquello que tristemente blanqueó Menem: “Si decía lo que iba a hacer, ¿quién me votaba?”. Pragmatismo, y argentinidad, al palo.

Lo del riojano fue honestidad brutal. En general, campea más la hipocresía. Como en la ensalada de dichos y contradichos de las vacunas ofrecidas “por debajo de la mesa”, o al costado, o adelante -la ubicación es lo de menos- y por interpósitas personas, a nombres rutilantes, y convenientemente elegidos, que sirvieran para blanquear ideología por un lado y neutralizar críticas de cualquier índole en caso de que algo saliera mal, por el otro. Algo así como favor, o inmunización, con favor se paga.

Son tiempos líquidos, como decía Bauman. Antes se daban vivas a la Patria y el bien público era valor supremo. “No se puede tolerar que el amor propio o miras personales sostengan una conducta que compromete la tranquilidad pública”, decía Moreno. Ahora las vivas se dan en el Instituto Patria, y a sostener los intereses y los bienes privados, y la forma en que fueron obtenidos, se dedican todos los esfuerzos. Pese a quien pese, y caiga quien caiga. Y si no que lo diga la ministra-ex ministra-cuasi ex ministra Marcela Losardo. Argentina, según pasan los siglos.

Por Silvia Fesquet 

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