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OPINION

Política y economía 2021: las advertencias de CFK y las críticas de Lavagna marcan el desafío para el Presidente

La ex presidente mandó su mensaje sobre los límites del ajuste. Y agregó así un elemento nuevo y sensible a la interna. El ex ministro reclamó medidas a contramano del “populismo”. Para Alberto Fernández era una carta de moderación ante el empresariado. Telón de fondo: crisis y FMI 

Política y economía 2021: las advertencias de CFK y las críticas de Lavagna marcan el desafío para el Presidente
Alberto Fernández junto a Cristina Kirchner y Axel Kicillof, elogiado por la ex presidente por su pasada gestión económica.

La trepada de contagios por coronavirus genera bastante más que discusión sobre los conceptos rebote y rebrote. La realidad desmonta expectativas sobre una reversión inmediata, con incertidumbre por la polémica sobre las vacunas y con el dato cierto de una demanda de meses para atender al grueso de la población. La ansiedad por ese alivio y, en paralelo, la necesidad de aire en materia económica son los dos elementos centrales de los cálculos políticos del Presidente en el arranque del 2021, año electoral. ¿Cómo salir? Alberto Fernández ha recibido mensajes contrapuestos que pesan por diferentes razones: las advertencias de Cristina Fernández de Kirchner y las críticas de Roberto Lavagna.

CFK y Lavagna pintan a su modo el desafío del Presidente. Y eso ocurre mientras el ministro Martín Guzmán busca avanzar en el acuerdo con el FMI. No se trata ya de gestos. El tipo de posible entendimiento con el Fondo demanda definiciones que aún en un marco de buenas relaciones –donde pesarán criterios de política exterior de la nueva administración de Estados Unidos- superan la enunciación de intenciones. Pero eso no es todo.

Cada gesto de Alberto Fernández tiene sentido múltiple hacia el exterior y antes -entre otras razones por la velocidad de reacción- hacia el frente empresarial y los mercados. Del mismo modo, pesan el nivel –y la real incidencia en sus planes- de las cartas conocidas en las últimas semanas. CFK es en sí mismo una señal hacia el mundo de la economía y gravita en materia de poder interno. Lavagna lo hace en economía y dice bastante su grado de cercanía o lejanía con Olivos. En los dos casos, aunque de distinto modo, son trazos fuertes para el perfil que resuelva el Presidente.

La ex presidente fue mostrando que sus movimientos no se limitan a las causas judiciales, aunque son centrales y condicionan el resto de sus pasos. Los planteos públicos y los movimientos más cuidados muestran desde octubre una ofensiva abierta en el juego de poder. Por supuesto, mantiene en la mira a la Justicia –empezando por la Corte Suprema-, pero expone a la vez que esa estrategia no tendría sentido aisladamente y sin proyección en el mediano plazo. Eso implicaría la necesidad de mayores espacios, un resultado electoral razonable y alineamiento en las listas para el Congreso.

El planteo de CFK –y el juego que de hecho limita el armado del propio Presidente- pasó de los cuestionamientos implícitos –o indirectos, por la vía de exponentes del kirchnerismo duro- a la carga explícita sobre ministros y a la demanda sobre la línea económica del Gobierno, incluida la reivindicación expresa de su gestión con Axel Kicillof como ministro.

Inquietan en su perspectiva el calendario electoral y la forma de actuar del Presidente, todo vestido además como exposición de modelo contrapuesto al macrismo y con mensaje al empresariado, áspero cuando se amagó con la expropiación de Vicentin y mejor presentado en términos de solidaridad con el impuesto a las grandes fortunas, frente a la crisis agravada por la pandemia y la cuarentena.

La ex presidente advirtió que el Gobierno debe tender a un equilibrio entre los ingresos (salarios y jubilaciones) y los precios en general y las tarifas en particular. En otras palabras, puso el ajuste como decisión exclusivamente presidencial, algo reforzado con los cambios parciales impuestos en el Senado a la nueva movilidad jubilatoria. La traducción más amplia sería el foco en el consumo, el necesario sostenimiento de subsidios a los servicios –sobre todo en Capital y el Gran Buenos Aires- y escasa atención al control del déficit.

Para el oficialismo, la unidad se ha transformado en objetivo máximo como contención de la interna creciente. Las respuestas a los avances de CFK son cuidados para evitar fisuras. El tema es si eso mismo fue interpretado políticamente por Lavagna como el fin de los márgenes –propios y del Presidente- para sostener algún tipo de convergencia.

De entrada, Lavagna fue para Alberto Fernández un objetivo para ampliar el perfil de la sociedad oficialista. Iban y venían los gestos sobre su integración al frente de un posible Consejo Económico y Social. Y el ex ministro aparecía como hombre de consulta privilegiado, la referencia que buscaba afirmar una imagen de moderación y aplomo ante los empresarios.

En el último día de 2020, el Presidente hizo un elegante rechazo de los cuestionamientos de Lavagna. Lo hizo con elogios a su capacidad y trayectoria, y buscó despegarlo de los diputados de Consenso Federal que se pronunciaron en contra de algunos de los proyectos del oficialismo, como la movilidad jubilatoria y la reforma judicial.

El primer contraste público se produjo con el plan de intervención y expropiación de Vicentin, finalmente frustrado. Ese intento había surgido poco después de que Alberto Fernández expusiera ante empresarios su relación con Lavagna como una señal significativa de su mirada económica. El ex ministro rechazó la movida contra el conglomerado cerealero, que llevaba la marca del kirchnerismo duro.

La semana pasada sobrevino su carta más crítica. El ex ministro retomó la idea de transitar el centro de la política, con cuestionamiento al ajuste y al populismo. Una manera de aludir a la etapa macrista y a la actual gestión, con rechazo a la “grieta”.

En el plano estrictamente económico, fue un señalamiento directo en sentido contrario al discurso del kirchnerismo duro. Habló de la necesaria inversión privada, de modernización del empleo, de desarmar progresivamente los subsidios a servicios, de bajar el costo de la política, de frenar el aumento del empleo público y de redefinir el papel del Estado.

CFK y Lavagna no son los únicos que advierten de diferente modo sobre el lineamiento económico. Exponen o suponen mensajes distintos en la mayoría de los rubros: la economía, la interna, el registro más amplio del peronismo, el empresariado. Tienen en común al menos un punto: la relación no siempre estable con Alberto Fernández. Se verá a qué se parece más el camino económico en el año que arranca.

Por Eduardo Aulicino