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OPINION

Demoliciones y desarrollos, la pujante empresa de Cristina y Máximo

Al finalizar su primer año de gestión la empresa desarrolladora CFK-MK & Asociados tiene suficientes logros para mostrar y motivos para celebrar. En 380 días ya lleva realizada buena parte de la primera etapa del trabajo de su nuevo proyecto.

Alberto Fernández, Ilustración alegorico del artista gráfico Alfredo Sabat

El proceso de demolición y desmalezamiento está casi concluido y avanza con prisa y sin pausa la construcción de los cimientos de la colonización neocristinista, La Patria puede ser el otro, pero El Frente de Todos es cada vez más propio del conglomerado que lidera la vicepresidenta.

No solo los restos del fracasado aperturismo económico y el declamado republicanismo macrista fueron dinamitados desde el comando central, con asiento en el Senado, la Cámara de Diputados y el Ministerio del Interior. También quedan pocas semillas, dispersas sobre tierra yerma, del nonato proyecto dialoguista, de tinte socialdemócrata, de Alberto Fernández, sostenido en los gobernadores y los intendentes peronistas.

El propio Fernández bajó ayer el puente levadizo de la última fortaleza en la que los alcaldes albertistas del conurbano amagaron con resistir y se ocupó de darle la bienvenida al ingreso de Máximo Kirchner. Más que la bendición de la Casa Rosada para hacerse cargo del Partido Justicialista provincial, el hijo bipresidencial (y vicepresidencial) creyó ver ondear la bandera blanca tras escuchar las elogiosas declaraciones del jefe del Estado. Aunque todos se esmeran por presentarlo como un armisticio, antes que como una rendición, a los perdidosos apenas les dejaron sus raídos uniformes, tras entregar las armas.

La más firme y abierta avanzada de Máximo Kirchner y La Cámpora para empezar a conducir el espacio oficialista parece poner fin a un deseo íntimo (o un sueño) de muchos de los que apoyaron a Fernández para llegar a la Presidencia. Contra lo que se ilusionaban, todo indica que 2021 no será para ellos lo que el 2005 fue para Néstor Kirchner, aquel año de la emancipación del padrinazgo de Eduardo Duhalde y de la construcción de un proyecto propio. Todo lo contrario. El camporismo avanza en pos de convertirse en la etapa superior del cristikirchnerismo, tras un breve gerenciamiento del emporio familiar.

A pesar de algunos atisbos de independencia y a las justificaciones tácticas que emanan desde Olivos y la Casa Rosada, la persistencia y la recurrencia de las cesiones y concesiones presidenciales van allanando el terreno para el tránsito de las huestes de MK. En casi todos los territorios, el año termina con avances significativos.

El camporismo, con la anuencia de Cristina Kirchner, visualiza las elecciones de medio término como la oportunidad de consolidar su dominio interno y alinear a todos los integrantes del espacio oficialista con miras a 2023. Por eso el proceso comenzó en la provincia de Buenos Aires, donde se libra la principal disputa. Y para ello Máximo Kirchner cuenta con un aliado clave.

Sergio Tomás Massa no solo ha oficiado de sherpa con algunos de los principales empresarios, que con La Cámpora se recelaban mutuamente. También el presidente de la Cámara de Diputados le reveló pasos francos la geografía provincial y puntos débiles de los alcaldes custodios. De ellos alguna vez fue su jefe para enfrentar al cristinismo, para terminar abandonándose mutuamente en busca de opciones más beneficiosas para cada uno. Gente práctica. Gente del poder.

Apenas tejió su alianza con el heredero, Massa supo que Máximo Kirchner iría por los barones del conurbano. “Los intendentes me hacen acordar al grandote de 7° grado que cuando yo estaba en 5° me decía que me iba a pegar. La primera y la segunda vez le tuve miedo, pero después de la tercera me di cuenta que nunca iba a pasar de las amenazas. Ahí le perdí el miedo, lo enfrenté y se terminó todo”. Eso decía el hijo de Néstor y Cristina, según contaba el titular de Diputados a sus amigos hace más de un año. Si no es cierto, parece estar haciéndose realidad.

En los últimos 18 meses, Massa habría hecho un gran progreso en su maestría de realismo político: según algunos de quienes lo conocen bien, parece haber concluido que su mejor o único negocio (político) rentable y posible (no necesariamente probable) es la sociedad con el hijo de la vicepresidenta. Una manera de asumir que, salvo la invasión de una bandada de cisnes negros, sus posibilidades de acceder alguna vez a la Presidencia por el fervor popular son infinitamente menores que las de lograrlo con el favor del kirchnerismo, por conveniencia o imposibilidad de ese espacio. Ningún jugador rechaza a un prestamista ni entierra sus ilusiones hasta que no esté todo perdido.

Justificaciones albertistas

En la Casa Rosada relativizan y subestiman el avance cristimaxista, en busca de matizar la defección propia y atenuar su significado. “Para el cuadro general de equilibrios políticos del FdT, es bueno que Máximo presida el PJ bonaerense, que tenga que consensuar con otros actores por afuera de La Cámpora y que agrande el espacio”, dice un estrecho colaborador presidencial.

Los que se han interpuesto en el camino camporista son menos optimistas. No recuerdan que la palabras consenso y ampliación figuren en el léxico de la agrupación. Lo repiten desde ediles de pequeños poblados hasta ministros, pasando por funcionarios de cualquier nivel. Pero nunca es tarde para incorporar neologismos.

Frente a esta avanzada, los sectores no cristinistas del oficialismo y algunos analistas políticos se preguntan si la remisión del albertismo tiene alguna posibilidad de ser temporaria o si ya no hay vuelta atrás. Detrás de esa incógnita subyace un interrogante mayor: qué representará el Frente de Todos para el electorado blando a medida que se torne más monocromático. Ampliación sigue siendo la palabra clave, cada vez más puesta bajo estudio.

La consolidación de la empresa CFK-MK & Asociados obliga, entonces, a que la mirada oscile entre 2003 y 2013. En el primer caso se estaría ante otro nacimiento kirchnerista, el V Kirchnerismo, si es que lograra mostrarse como algo nuevo. En caso contrario, en el Gobierno temen que pueda verse como una remake del fallido estreno de Cristina eterna, ahora retitulado Kirchnerismo para Siempre, con la preinstalación de Maximo 2023. La posibilidad de que tienda a encoger la masa de votantes antes que ampliarla es una preocupación concreta, aunque muchos pretenden neutralizarla con la ilusión de que el talismán Alberto siga funcionando. Cuestiones de fe.

El Presidente y sus colaboradores sueñan, en tanto, con que esta semana aparezcan algunos antídotos para este avance sin freno del cristimaxismo. No casualmente, la vacunación con la Sputnik V empezará el mismo día en que el Senado trate la legalización del aborto. El objetivo es potenciar los efectos positivos de la vacuna, capitalizar el impacto que tendrá en el electorado verde la sanción de la ley (como espera el Gobierno que ocurra) y mitigar las consecuencias negativos en los votantes oficialistas antiabortistas.


Por Claudio Jacquelin

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