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Veinticincos años no es nada

Hoy después de 25 años en el poder, le quedan muy pocos amigos, solo quienes hacen negocios (económicos y políticos), en nombre de él y tal vez una “mesa chica”, envejecida, pero leal, mientras que siga manteniendo el poder.

Veinticincos años no es nada
Un cuarto de siglo: La coexistencia de Gildo Insfrán con Floro Bogado, fue un acierto político del lagunense. El fallecido ex vice gobernador, nunca compitió con su liderazgo.

En la ciudad de Resistencia, Chaco tuvo lugar la creación del Consejo Regional del Norte Grande que busca impulsar demandas y formular proyectos sobre infraestructura, economía, logística y energía en la región.

Se convocaron al efecto 10 gobernadores entre ellos,  Jorge Capitanich de Chaco, Oscar Herrera de Misiones, Gildo Insfrán de Formosa, Raúl Jalil de Catamarca, Juan Manzur de Tucumán, Ricardo Quintela de La Rioja, Gerardo Zamora de Santiago del Estero, Gerardo Morales de Jujuy y Gustavo Sáenz de Salta.

El loable planteo de federalismo, no solo es una buena intención sino que es una utopía que durante años solo ha generado un norte con provincias dependientes de la Coparticipación y cuyos mandatarios, el de Formosa el más veterano, se han encargado de incrementar un volumen de gasto público que casi no deja nada de esos ingresos nacionales en pie para actividades de promoción industrial, inversión o comercio exterior.

 

No se produce lo que se consume

 

De todas las provincias que participaron, Formosa es la que menos producto bruto geográfico tiene por la falta de inversión y con un aparato productivo que solo figura en los discursos. El PBG es la medida más importante de la producción de la economía de una provincia o región. Se trata de un indicador estadístico que intenta medir el valor total de los bienes y servicios finales producidos dentro de los límites geográficos de esa economía en un período determinado de tiempo, libre de duplicaciones. Se calcula sumando los valores de mercado de todos los bienes y servicios finales de la economía, a través de un complejo mecanismo de cuantificación.

Desde el punto de vista contable, el PBG es la agregación de los saldos de la cuenta de producción de las distintas ramas de actividad.

 

Todavía queda mucho por hacer

 

Por eso la diferencia sustancial, entre casi todas las provincias que participaron y Formosa, es que todas tienen un aparato productivo en funcionamiento, con dificultades pero en funcionamiento. Todos los gobernadores de las provincias, participan con números reales respecto de la infraestructura, economía, logística y energía y sus mercados locales generan valor agregado dándole impulso a la economía, el gobernador de Formosa sigue con el eterno boceto, del “queda mucho por hacer”, muy poco se ha hecho.

También no es menos cierto, que para ganar las elecciones, solo basta con ampliar la planta estatal, pagar bajos sueldos (dixit del eterno residente), apolillados por altas inflaciones, eso sí, siempre en tiempo y forma.

Cuando los gobernadores piden una compensación por la energía generada en la región y que se equipare al precio internacional del petróleo o hablan de la inserción de cada una de las provincias en la hidrovía con la explotación de una flota mercante, centros de frontera con los países limítrofes y una mayor autonomía de los recursos naturales de cada una de las provincias, Insfrán mira hacia dentro y lo único que ha generado y sigue manteniendo es, una economía primaria.

 

La “copa”, no se toca

 

Es más que evidente que las necesidades de este consejo aglutinan intereses cercanos para otras provincias y muy lejanos para Formosa, cuya única industria es cultural y sin valor agregado, la industria de la dependencia estatal de todo tipo de vida económica.

Formosa siempre ha sido criticada por recibir mayor coparticipación per cápita que el resto de las provincias que conforman el Consejo, sin embargo todas las demás han tenido un desarrollo sostenido con recursos propios y de Nación, considerando los altibajos de políticas económicas erráticas.

No es la primera vez que los gobernadores del Norte se reúnen para tratar de conciliar intensiones, lo han hecho antes y a ciencia cierta,  el norte abarca el 30,6% del territorio y concentra el 21,8% de la población argentina, pero sufre asimetrías respecto al resto del país.

 

La unión, haría la fuerza

 

Si los legisladores de estas diez provincias acercaran posiciones a defender en el Congreso el peso específico del bloque político generaría una nueva liga de gobernadores pero cada vez que asumen su propia importancia, la fuerza de un norte grande sufre los arreglos individuales de cada una de las provincias participantes. Pueden negociar en bloque pero si el estado nacional beneficia a una o dos en condiciones, este tipo de iniciativas queda en la nada. Divide y reinarás, algo que el kirchnerismo conoce de sobra.

Aún así la reunión de este bloque regional habla del cansancio de los gobernadores, 10 de 24, de la falta de definiciones del presidente, Alberto Fernández.

 

Juramentos de campaña

 

El mandatario se fue en promesas y acuerdos pero a un año de asumir, no ha concretado sino un “maquillaje” a las economías regionales, no ha tomado decisiones coyunturales como si lo ha hecho con la provincia de Buenos Aires.

De hecho, la quita del 2% de Coparticipación a la Ciudad de Buenos Aires, que votaron la mayoría de los legisladores oficialistas de todo el país, habla de 60 mil millones de pesos que irán exclusivamente a la provincia de Buenos Aires. Ni un solo centavo a las provincias.

Lejos quedó el discurso del presidente de trabajar en el federalismo cuando todas las decisiones coyunturales benefician solo a la provincia de Buenos Aires en desmedro de todas las demás.

Por eso, esta incursión habla no solo de gobernadores que pretenden al corto plazo mejores condiciones para el crecimiento respecto de la región sino también de un mal momento del presidente a poco más de un año de asumir, perdiendo poder rápidamente en las provincias más dependientes de la birome de oro que libera recursos.

 

Bodas de plata

 

Quien también ha celebrado un increíble aniversario, ha sido el gobernador, Gildo Insfrán, que completó el cuarto de siglo perpetuándose en el poder.

A contramano del resto de los gobernadores, el barbado lagunense, logro en estos 25 años, transformar una provincia productiva en un estado parásito de los ingresos nacionales.

La provincia tiene una dependencia del 93% de los recursos nacionales en todo lo que gasta en su presupuesto y solo genera el 7%. Formosa hoy no produce ni siquiera lo que consume en la canasta familiar.

En la década de los 80 fue la segunda productora de algodón a nivel nacional después de la provincia del Chaco, con desmotadoras compitiendo por la producción. Había una importante producción de granos, sorgo, maíz, girasol, trigo.

Con el viejo puerto el movimiento era incesante hace unos años, con el nuevo puerto totalmente paralizado y con una inversión millonaria nada sale y nada entra. Hay que buscar en las fotos en blanco y negro para entender que había un ferrocarril que complementaba la actividad económica.

 

Más poder, más soledad

 

La matriz de un sociedad con miles de formoseños económicamente productivos se ha transformado en una “milicia de personas” condenadas a una interminable cadena generacional de planes, subsidios, IFE y todo tipo de políticas asistencialistas que tampoco contemplan una reconversión hacia la independencia o a un  emprendimiento personal o familiar o en dependientes de algunas empresas con capital privado.

Por eso la imagen de un eterno Insfrán con gobernadores, muchos de ellos con dos períodos de gobierno constitucional, contrasta con el resultado de una Formosa empobrecida. Ellos tienen intereses genuinos acerca de este tipo de reuniones y han tenido muchos más logros en sus provincias que el eterno residente del quinto piso, el solo está viendo cómo  ganar más poder del que ya tiene, aunque ni siquiera él sepa para que.

 

Ofrendas incumplidas

 

Su poca y casi nula inclusión en la política nacional, está condicionada por la tramposa promesa realizada oportunamente, para llegar al poder. Había ofrecido a quien lo señaló con el dedo, que después de  terminar su primera gestión, en los finales del siglo pasado, volvería a su Laguna Blanca natal.

Hoy después de 25 años en el poder, le quedan muy pocos amigos, solo quienes hacen negocios (económicos y políticos), en nombre de él y tal vez una “mesa chica”, envejecida, pero leal, mientras que siga manteniendo el poder. Pero no es menos cierto, y lo que siempre pregona; que a él lo eligen casi el 70 por ciento de los formoseños.

Alfredo Stroessner el ex presidente paraguayo, quien gobernó con “mano de hierro” la vecina Paraguay durante 35 años, también era elegido con más del 90 por ciento de los sufragios, con amoldadas elecciones, similar a la Ley de Lemas.

El “Rubio”, acondicionó la Constitución y las Leyes a sus intereses. Pero cuando perdió el poder, fue despreciado, vilipendiado por el mismo pueblo que lo elegía, para huir y refugiarse en el Brasil, donde falleció poco tiempo después.  Hasta hoy, salvo sus familiares, son muy pocos los que  se preocupan por repatriar sus restos.

El cuarto de siglo de la llegada al quinto piso del lagunense, coincide con una afligida analogía no deseada, por una gran mayoría de la sociedad, por lo menos, mientras conserve el poder.