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La vida partida en dos

La increíble situación de una familia varada entre Formosa y Paraguay

Javier y Gloria viven y trabajan entre Asunción y Clorinda. Están afectados por las restricciones que impuso el gobierno de Insfrán, sobre las que deberá resolver la Corte Suprema.

La increíble situación de una familia varada entre Formosa y Paraguay
Javier Ayala y Gloria Tandi forman son una de las parejas típicas de la frontera entre Paraguay y Argentina a la altura de AsunciónCrédito: Aporte

Javier Ayala y Gloria Tandi forman son una de las parejas típicas de la frontera entre Paraguay y Argentina a la altura de Asunción, metrópoli que alberga a unos 2 millones de habitantes.

 
La pandemia que se oficializó en marzo los encontró en un campamento de damnificados por la creciente del río Paraguay instalado en Clorinda, en el lado argentino, cuando mudaban sin apuro sus muebles y enseres a su vivienda de Beterete, en el lado paraguayo.

Pero la cuarentena y las restricciones que impuso el gobierno de Formosa al ingreso al territorio provincial para frenar el avance del coronavirus, trastocaron su vida diaria, al igual que la de 7.500 formoseños que no pudieron reingresar a la provincia. Se espera que en las próximas horas la Corte Suprema de Justicia resuelva sobre el conflicto de los varados. 

La mujer trabajaba en una escuela de la localidad argentina y su pareja en un club náutico deportivo (el Club Deportivo Sajonia) de Paraguay.

El cierre de frontera les hizo tomar una drástica decisión. Para conservar su trabajo, Gloria permaneció en el refugio y Javier se fue a habitar su vivienda que habían dejado forzados por la crecida.

En los primeros meses podían verse. Javier visitaba a su familia al campamento hasta que su mujer le advirtió que los gendarmes lo andaban buscando. Algunos ocupantes pasaron el dato a las fuerzas del orden.

Las visitas se suspendieron desde entonces. Si lo detienen, el aprehendido sería obligado a hacer una cuarentena de 14 días y pagar estadía e hisopado además de pasajes.

"Es lo mismo que estar presos", expresa Javier, quien dijo haberse adaptado completamente al nuevo modus vivendi, o el "modo covid de vivir".

Por cierto, su hija menor, Monserrat de 13 años, tiene nacionalidad argentina y está inscripta en una escuela de Clorinda.

"Es como si estuviéramos presos. Tenemos que estar atentos como perros para cruzar. Te alzan, te llevan sin preguntar nada. Hace cuatro días le apresaron al hijo de un vecino. Su pecado fue entrar a comprar en Clorinda. De la barrera (el límite fronterizo) lo llevaron injustamente. Después lo largaron. Dijeron que fue una equivocación", relató Gloria a Clarín.

Gloria y Javier dicen esperar el momento en que se acabe el control policíaco para volver a su vida normal. "Parecemos fugitivos. Todos los días tenemos que caminar con la oreja parada y los ojos bien abiertos. Esto ya dejó de ser un control contra la pandemia. Nuestra libertad depende del humor de los uniformados", se quejó la mujer.

El ministro paraguayo de Relaciones Exteriores, Federico González, dijo que el ingreso "es una decisión soberana del Gobierno argentino. El Gobierno del Paraguay no tiene ningún poder de decisión ni atribución en ese sentido. En general son argentinos residentes o parientes de muchos connacionales. Si se quedan aquí no es ninguna molestia para nosotros, al contrario", manifestó el secretario de Estado. Recordó que Paraguay eliminó desde esta semana la cuarentena obligatoria para viajeros que ingresen al país por los aeropuertos internacionales. Desde el lunes se volvió a conectar con las ciudades de Panamá, Sao Paulo, Santiago y Lima.
 
 
 

 
 
 
 
 
 

 
 
 

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