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OPINION

Mucha gente preocupada

Los sueños del 17 se evaporaron con el paso de una semana feroz. Los que trabajaron para recuperar a un Presidente empoderado tras ser ungido por los santos óleos de la liturgia pejotista sufrieron en estos días un nuevo desencanto.

Alberto Fernández, presidente de la Nación Argentina

Los sueños del 17 se evaporaron con el paso de una semana feroz. Los que trabajaron para recuperar a un Presidente empoderado tras ser ungido por los santos óleos de la liturgia pejotista sufrieron en estos días un nuevo desencanto.
La ceremonia del Día de la Lealtad, pensada por algunos para retemplar los ánimos de los que imaginaron que, llegados al poder, la unidad se impondría a la fractura expuesta de la casa peronista, no resultó. La purpurina de la celebración se escurrió bajo el rigor de una realidad apremiante que el Ejecutivo no logra reencausar. Hay mucha gente preocupada.
Los que pasan cerca de CFK la describen como enojada y distante. Se dice que desde hace días no habla con AF. Ella sufre a su manera, dicen, la incapacidad del Gobierno para resolver los problemas.
Obsesionada por su propia agenda, Cristina Fernández se mantiene alejada, el curso de la economía le quita el sueño. Tiene claro que si la situación no se revierte, la catástrofe se la llevará puesta. Con su posición judicial irresuelta, el tiempo y la velocidad de la crisis le juegan en contra. Lo sabe y, fiel a su estilo, lejos de entregarse, acelera.
En el Grupo Callao también se encienden luces de alerta. Varios de los miembros de esa mesa que reúne a los históricamente más cercanos a la intimidad Albertista han dejado trascender sus desvelos. Ven a AF sin capacidad de reacción, más atento a contentar a su Vice que a ocuparse de las cuestiones de fondo que están minando su gestión. Ella no le pide tanto, aseguran. Muchos errores reconocen su origen en una sobreactuación. Un dejarse llevar por la línea discursiva en tono de grieta. Una supuesta “zona de confort” de la que no logra salir.
En el Gabinete, jaqueado por los rumores de recambio, también se comparte un clima de desconcierto y desazón. Muy por lo bajo, admiten que el liderazgo del Jefe de Estado se fue esfumando y que conviven con la cotidiana sensación de que hay dos Albertos.
Los ministros reclaman poder retomar el control de la agenda, un inventario propio anclado en las urgencias de la gente, enfocado en las dos o tres cuestiones más urgentes. No basta la supuesta idoneidad personal del Jefe de Estado para remontarla, dicen. Se necesita un relato que unifique. Se preparan para respaldar en la adversidad al Presidente pero le reclaman que decida si quiere seguir jugando a ser el jefe de la movida K o si se aplica a superar la división. De esto se habla sottovoce en los pasillos de la Rosada.
El contexto no ayuda. Los electrones libres del kirchnerismo silvestre siguen produciendo situaciones mucho más pochocleras que una serie de Netflix. En la última entrega, una acaudalada heredera en rebeldía, despacha su conflicto al espacio público generando una saga mediática con ribetes propios del país Macondo.
Dolores Etchevehere reclama supuestos derechos patrimoniales, con la invalorable colaboración de Juan Grabois. Un centenar de seguidores del líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos ocupa por la fuerza el campo de los Etchevehere para desarrollar el “Proyecto Artigas”, un emprendimiento de huertas populares.
La hermana del ex ministro de agricultura de Macri, que dice haber donado el 40% de lo que le corresponde al movimiento social, duerme en la propiedad usurpada rodeada de militantes que tomaron la estancia “Casa Nueva”, propiedad de la familia. Para darle sustento y justificación ética a la arremetida viraliza un video acusando a su parentela de todo tipo de prácticas corruptas.
Gabriela Carpineti, directora nacional de Promoción y fortalecimiento de Acceso a la Justicia, guarda el sueño a la heredera. La funcionaria-okupa dice estar allí pasando la noche en vela, para evitar violencia y porque “el Estado no es neutral y debe tomar parte”.
La grieta es funcional por izquierda y por derecha. Sirve tanto para un roto como para un descosido. El Estado Nacional enredado en un entuerto familiar por la disputa de derechos hereditarios. La Justicia no sabe y no contesta. No puede o no quiere.
Carpineti depende de la Ministra de Justicia, Marcela Losardo, a quien ahora se le ha encomendado sentarse a resolver la toma de tierras en Mascardi. Se decidió desplazar de tan sensible asunto a Sabina Frederic, tras una agresión a la Gobernadora Carreras que fue catalogada de brutal. El loteo horizontal de los ministerios amenaza hacer inviable el día a día de la gestión. Un cepo político tan dañino con la estampida del dólar.
“Toma de tierras hubo siempre” sostiene un Ministro que asegura que a diario se producen micro focos de tensión porque la presión de la demanda es muy fuerte en el primer y segundo cordón del Gran Buenos Aires. Lo que no se resuelve rápido no se resuelve más, reconoce el calificado interlocutor. Para muestra, basta Guernica.
La trifulca por las tierras pone sobre el tapete el sacrosanto derecho a la propiedad privada consagrado por la Constitución Nacional pero también suma desconfianza y descreimiento por la seguridad jurídica en un momento en que el país, que se ha quemado todas las cajas, necesita inversiones. Lo de siempre, todo tiene que ver con todo.
Preocupa la trepada del Blue que llegó esta semana a $195 pero también preocupa la escalada de los contagios. El número de muertos ya supera al escalofriante promedio por millón de habitantes que hasta aquí ostentaba Italia. El debate entre proteger la salud o la economía devino falaz.
El cruce de las emergencias potencia la tragedia. La Unión Argentina de Salud, que nuclea a clínicas, hospitales, obras sociales y servicios de urgencia, advirtió al Ministerio de Salud acerca del ajuste en el precio de los medicamentos del orden del 500%.
“Nos hemos encontrado con aumentos de hasta el 1100% en medicamentos que deben administrarse a pacientes COVID con síntomas graves”. El combo de drogas que demandan estos tratamientos “se ha disparado sin control alguno y muy por encima de cualquier parámetro razonable”, asegura el comunicado. 

Por Mónica Gutiérrez

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