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opinión

El número que preocupa más que el dólar a $ 190

El número que preocupa  más que el dólar a $ 190

Apenas 29 de cada 100 chicos terminan en tiempo y forma la secundaria y el 42% no entiende matemática básica. Qué dicen las encuestas sobre la educación.
Los 190 pesos que vale un dólar tienen alterada a la Argentina. Obviamente. Nadie habla de otra cosa, porque ya vivimos varias veces lo que sucede en estas situaciones donde la cosa se va de madre y nadie parece acertar la solución. Pero el miércoles se conoció otro número, tan o más grave, y pasó desapercibido: los exámenes Aprender 2019 revelaron que el 72% de los chicos del último año de la secundaria no llega a un nivel satisfactorio en Matemática y el 42% directamente no entiende sus conceptos básicos.
No pudieron resolver problemas como éste: “En un club, 200 socios practican natación y representan el 25% del total de los asociados. ¿Cuántos socios tiene el club? ¿150, 225, 250 u 800?”
También asusta el informe cuando dice que de cada 100 chicos que empiezan primer año, sólo 63 terminan la secundaria, y que apenas 29 lo hacen en tiempo y forma, a los 17 o 18 años. Hay más datos para aterrarnos, porque no sólo muestran la catástrofe educativa sino también la desigualdad. En hogares de nivel socioeconómico alto, el 24% de los chicos no comprende lo básico, porcentaje que se estira al 64% en hogares de ingresos bajos (recordemos que 6 de cada 10 chicos son pobres en la Argentina). O, para tomar otro parámetro, el 52% de los que van a escuelas estatales (de paso: la mitad de ellas no tienen cloacas) no entiende nada de Matemática, mientras que sufren lo mismo “sólo” el 25% de los que concurren a un colegio privado.
Ahora bien, la verdad es que esto no le importa a casi nadie.
Las encuestas lo dicen a los gritos. En un sondeo de D’Alessio Irol/Berensztein de septiembre, sobre Humor Social y Político, los diez temas que más preocupan son inflación, inseguridad, incertidumbre económica, consecuencias económicas del coronavirus, temor al coronavirus como enfermedad, la impunidad judicial de Cristina Kirchner, falta de propuestas para el crecimiento, los subsidios para quienes no lo merecen, profundización del cepo y posible corrupción en el gobierno de Macri. La educación ni figura. En otro, de Synopsis, de octubre, las “principales preocupaciones ciudadanas” son corrupción, inflación, salud, desempleo, inseguridad y, última, lejos, educación.
¿Por qué el tema no es prioritario en la Argentina cuando se sabe perfectamente que es directa la relación entre el nivel de desarrollo de un país y el nivel de educación de sus habitantes?
Podría decirse que pasa que el dólar está a $190. Y también que a la clase política no le mueve la aguja porque es un problema de resolución a mediano o largo plazo y nadie mira más allá de las próximas elecciones. Pero como sostienen algunos especialistas, como Gabriel Sánchez Zinny, exministro de Educación de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, además pasa que las transformaciones en la educación pública (como en la salud) las impulsan las clases medias, porque son las que reclaman mejores servicios. Y en la Argentina la clase media hoy va a la escuela privada, expulsada de la estatal en gran medida por los paros docentes: el 50% del alumnado de la Ciudad estudia en privadas y en Provincia lo hace el 38%. Esto no sucede ni de cerca en ninguno de los países desarrollados del mundo, donde quienes eligen instituciones privadas son muy religiosos o escandalosamente ricos.
El paupérrimo desempeño de los chicos en las pruebas de Matemática muestra también lo mal que se la enseña, debido a la escasez de profesores de la materia, al pobre nivel de los mismos y a los defectos de los planes de estudio, cuestiones todas que vuelven a señalar, como en un círculo vicioso, un problema más general: en el país se sobrevaloran las Ciencias Sociales en desmedro de las Exactas. Fabricamos más abogados y psicólogos que ingenieros, cuando se debería apostar, para crecer, a invertir la ecuación.
Para paliar el desastre, que refleja la situación previa al año perdido por la pandemia, el ministro Nicolás Trotta prometió un plan de “4.000 millones de pesos para acompañar las trayectorias de los estudiantes” y culpó a la “desinversión de Macri”. Trotta, vale la pena recordarlo, pasó el año militando contra la vuelta a las clases presenciales en sintonía con los gremios docentes. “Vamos a priorizar la vuelta de los que están terminando un ciclo de 7° o 5° o los primeros tramos de la alfabetización”, dijo… en mayo. Sólo tras siete meses de cuarentena admitió que no se podía esperar la vacuna contra el coronavirus para regresar a las aulas.
Dicen quienes saben que Trotta en realidad aspiraba a ser ministro de Trabajo, pero que la influencia de su mentor, Víctor Santa María -jefe de los porteros porteños, amigo presidencial y creador de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajador, donde el hoy ministro era rector- alcanzó sólo para Educación. Metáforas mejores no se consiguen.


Por Pablo Vaca