20°C
Jueves 24 de septiembre de 2020

Edicion Impresa

Viento Norte

Miércoles, 23 de Septiembre de 2020 00:00

A menos de cuatro meses de la anterior restricción del mercado oficial del dólar, el Banco Central argentino tuvo que reforzar el cepo una vez más. Lo había hecho a fines de mayo. Desde entonces, no dejó de especularse nunca sobre cuándo se anunciaría un nuevo cepo. Por tanto, parafraseando el título de una famosa novela de García Márquez, estamos frente a la crónica de un error anunciado.
************
La falta de dólares, combinada con la amplia brecha cambiaria que generan los gobiernos cuando quieren controlar su venta, termina una y otra vez en una brusca devaluación y en picos de inflación. El cepo de mayo, en vez de frenar la demanda de dólares, la aceleró. Si esa mayor restricción no consiguió el objetivo, ¿por qué ahora lo conseguiría? Agregar un nuevo impuesto a la compra de moneda extranjera para achicar falsamente la brecha con las cotizaciones no oficiales equivale, de hecho, a una devaluación encubierta, que más temprano que tarde repercutirá en el mercado interno a través de suba de precios.
************
Las autoridades podrán decir que, en teoría, no hubo una devaluación brusca. Pero en la realidad los argentinos quedaremos a merced de un pico inflacionario. Porque el nuevo cepo impacta sobre las operaciones comerciales y financieras de las empresas, más que sobre las personas. Si una empresa no puede acceder libremente a los dólares que necesita para importar insumos para su producción, o para cancelar sus deudas, ni aun para exportar, sus costos crecen en un porcentaje difícil de estimar.
************
Para reasegurarse, ¿qué valor les asignarán a esos dólares que requieren y les cuesta conseguir? Como mínimo, el más alto de los diferentes mercados paralelos. No por especulación, como parece creer el presidente, sino por realismo económico.
************
Al menos desde 2011, la economía argentina no cuenta con el flujo de dólares que necesita para funcionar con cierta normalidad. Los distintos cepos que hemos conocido desde aquella fecha frenan relativamente la salida de los pocos dólares disponibles, pero impiden con mayor fuerza su ingreso. Es más que ingenuo pensar que ahora el resultado será distinto. No es más cepo lo que necesita el país, sino un plan económico integral, de largo aliento y elaborado bajo el mayor consenso político posible, que estimule la generación de divisas. Para ello, las empresas y los inversores precisan reglas claras, estables y amplia libertad de movimiento.
*************
Al Banco Central le quedan muy pocas reservas. Si las pierde, la economía colapsa. Pero si para conservar lo poco que tiene hoy pone numerosos obstáculos a la actividad económica, es seguro que mañana no recuperará fondos, porque esas trabas sólo provocan más desconfianza.
************
Mal que nos pese, en tales circunstancias, muchos actores económicos deciden limitar al máximo sus movimientos o retirarse del juego antes de seguir recibiendo noticias inesperadas e inconducentes en medio del proceso. Esto ha ocurrido en nuestra historia una suficiente cantidad de veces. Todos sabemos cómo termina.
************
 

Viento Norte

Martes, 22 de Septiembre de 2020 20:53

A menos de cuatro meses de la anterior restricción del mercado oficial del dólar, el Banco Central argentino tuvo que reforzar el cepo una vez más. Lo había hecho a fines de mayo. Desde entonces, no dejó de especularse nunca sobre cuándo se anunciaría un nuevo cepo. Por tanto, parafraseando el título de una famosa novela de García Márquez, estamos frente a la crónica de un error anunciado.
************
La falta de dólares, combinada con la amplia brecha cambiaria que generan los gobiernos cuando quieren controlar su venta, termina una y otra vez en una brusca devaluación y en picos de inflación. El cepo de mayo, en vez de frenar la demanda de dólares, la aceleró. Si esa mayor restricción no consiguió el objetivo, ¿por qué ahora lo conseguiría? Agregar un nuevo impuesto a la compra de moneda extranjera para achicar falsamente la brecha con las cotizaciones no oficiales equivale, de hecho, a una devaluación encubierta, que más temprano que tarde repercutirá en el mercado interno a través de suba de precios.
************
Las autoridades podrán decir que, en teoría, no hubo una devaluación brusca. Pero en la realidad los argentinos quedaremos a merced de un pico inflacionario. Porque el nuevo cepo impacta sobre las operaciones comerciales y financieras de las empresas, más que sobre las personas. Si una empresa no puede acceder libremente a los dólares que necesita para importar insumos para su producción, o para cancelar sus deudas, ni aun para exportar, sus costos crecen en un porcentaje difícil de estimar.
************
Para reasegurarse, ¿qué valor les asignarán a esos dólares que requieren y les cuesta conseguir? Como mínimo, el más alto de los diferentes mercados paralelos. No por especulación, como parece creer el presidente, sino por realismo económico.
************
Al menos desde 2011,  la economía argentina no cuenta con el flujo de dólares que necesita para funcionar con cierta normalidad. Los distintos cepos que hemos conocido desde aquella fecha frenan relativamente la salida de los pocos dólares disponibles, pero impiden con mayor fuerza su ingreso. Es más que ingenuo pensar que ahora el resultado será distinto. No es más cepo lo que necesita el país, sino un plan económico integral, de largo aliento y elaborado bajo el mayor consenso político posible, que estimule la generación de divisas. Para ello, las empresas y los inversores precisan reglas claras, estables y amplia libertad de movimiento.
*************
Al Banco Central le quedan muy pocas reservas. Si las pierde, la economía colapsa. Pero si para conservar lo poco que tiene hoy pone numerosos obstáculos a la actividad económica, es seguro que mañana no recuperará fondos, porque esas trabas sólo provocan más desconfianza.
************
Mal que nos pese, en tales circunstancias, muchos actores económicos deciden limitar al máximo sus movimientos o retirarse del juego antes de seguir recibiendo noticias inesperadas e inconducentes en medio del proceso. Esto ha ocurrido en nuestra historia una suficiente cantidad de veces. Todos sabemos cómo termina.
************
 

Viento Norte

Martes, 22 de Septiembre de 2020 00:00

A menos de cuatro meses de la anterior restricción del mercado oficial del dólar, el Banco Central argentino tuvo que reforzar el cepo una vez más. Lo había hecho a fines de mayo. Desde entonces, no dejó de especularse nunca sobre cuándo se anunciaría un nuevo cepo. Por tanto, parafraseando el título de una famosa novela de García Márquez, estamos frente a la crónica de un error anunciado.
************
La falta de dólares, combinada con la amplia brecha cambiaria que generan los gobiernos cuando quieren controlar su venta, termina una y otra vez en una brusca devaluación y en picos de inflación. El cepo de mayo, en vez de frenar la demanda de dólares, la aceleró. Si esa mayor restricción no consiguió el objetivo, ¿por qué ahora lo conseguiría? Agregar un nuevo impuesto a la compra de moneda extranjera para achicar falsamente la brecha con las cotizaciones no oficiales equivale, de hecho, a una devaluación encubierta, que más temprano que tarde repercutirá en el mercado interno a través de suba de precios.
************
Las autoridades podrán decir que, en teoría, no hubo una devaluación brusca. Pero en la realidad los argentinos quedaremos a merced de un pico inflacionario. Porque el nuevo cepo impacta sobre las operaciones comerciales y financieras de las empresas, más que sobre las personas. Si una empresa no puede acceder libremente a los dólares que necesita para importar insumos para su producción, o para cancelar sus deudas, ni aun para exportar, sus costos crecen en un porcentaje difícil de estimar.
************
Para reasegurarse, ¿qué valor les asignarán a esos dólares que requieren y les cuesta conseguir? Como mínimo, el más alto de los diferentes mercados paralelos. No por especulación, como parece creer el presidente, sino por realismo económico.
************
Al menos desde 2011, la economía argentina no cuenta con el flujo de dólares que necesita para funcionar con cierta normalidad. Los distintos cepos que hemos conocido desde aquella fecha frenan relativamente la salida de los pocos dólares disponibles, pero impiden con mayor fuerza su ingreso. Es más que ingenuo pensar que ahora el resultado será distinto. No es más cepo lo que necesita el país, sino un plan económico integral, de largo aliento y elaborado bajo el mayor consenso político posible, que estimule la generación de divisas. Para ello, las empresas y los inversores precisan reglas claras, estables y amplia libertad de movimiento.
*************
Al Banco Central le quedan muy pocas reservas. Si las pierde, la economía colapsa. Pero si para conservar lo poco que tiene hoy pone numerosos obstáculos a la actividad económica, es seguro que mañana no recuperará fondos, porque esas trabas sólo provocan más desconfianza.
***********
Mal que nos pese, en tales circunstancias, muchos actores económicos deciden limitar al máximo sus movimientos o retirarse del juego antes de seguir recibiendo noticias inesperadas e inconducentes en medio del proceso. Esto ha ocurrido en nuestra historia una suficiente cantidad de veces. Todos sabemos cómo termina.
 
 

Viento Norte

Lunes, 21 de Septiembre de 2020 00:00

El problema central del discurso político del presidente Alberto Fernández es que casi todo lo que dice hoy es lo contrario de lo que dijo entre 2008 y 2017 cuando estuvo enojado con Cristina. Por lo cual no se sabe si cambió 180 grados de pensamiento, si su pensamiento actual no es de él sino de Cristina, o si en realidad nunca tuvo un pensamiento propio y dice lo que le conviene en cada momento. No obstante, como ya es tan reiterativo demostrar la contradicción, lo mejor es olvidar lo que decía Alberto ayer y analizarlo sólo por lo que dice ahora.
*************
Alberto dijo que “lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años”, oponiéndole la igualdad de oportunidades como criterio de progreso. Cristina ya había dicho en su best seller Sinceramente que “el ideal de esfuerzo y progreso individual es la última gran coartada del neoliberalismo para hacerte creer que lo que tenías era sólo por mérito propio y no también del modelo económico y el rol del Estado”.
************
O sea que hoy ambos piensan igual en su ataque contra el mérito. Una gran falsedad porque el esfuerzo y el mérito no se oponen a la igualdad de oportunidades sino a progresar sólo por clase social, riqueza, nepotismo o corrupción. El ejemplo más claro de lo que decimos es el modelo educativo argentino que fue un extraordinario pacto implícito entre la igualdad de oportunidades y el mérito personal.
************
Durante la era “bolivariana” del presidente Rafael Correa en Ecuador (2006-2017) éste creó el Instituto Nacional de la Meritocracia para ingresar y ascender en el Estado e impuso un sistema educativo basado en el premio por esfuerzo, estudio y calificaciones, con exámenes de ingreso y evaluación permanente. Lo llamaron “meritocracia nacional y popular”. Es el sistema que se aplica en los países con más rendimiento educativo del mundo, como China y los tigres asiáticos. Ya en el siglo XVIII Voltaire proponía adoptar la meritocracia china-confuciana para que el acceso al Estado forme una burocracia eficaz.
************
Un país donde los más esforzados y capaces de los inmigrantes pobres de principios del siglo XX igualaron y hasta superaron no sólo a los más tontos sino a los más capaces de los ricos. ¿Se acuerdan de m´hijo el doctor”?. Y eso fue gracias al liberalismo meritocrático hoy tan odiado por los K, labor que prosiguió el radicalismo y el peronismo iniciales, pero a los que Alberto y Cristina parecen olvidar, negando o minimizando al absurdo el valor del esfuerzo personal en nombre de un estatismo asistencial que ni siquiera produce la igualdad de oportunidades que declama.
*************
Para reducirle el porcentaje de coparticipación a la Capital Federal. Alberto lo fundamentó en que los ricos (un tanto despreciables porque además de ricos no apoyan masivamente al gobierno) deben subsidiar a los pobres. En realidad hoy la contradicción no es entre Buenos Aires y el interior. Hoy la contradicción es la que separa al gobierno nacional del resto de los gobiernos porque es el Estado central el que cobra los grandes impuestos y decide casi todo, lo que obliga al resto del país a arrodillarse para que le den lo que le corresponde, algo en lo que Cristina fue implacable. Con la lógica de los Fernández el país más productivo -Santa Fe, Córdoba, Mendoza y otras pocas provincias- deberá ceder coparticipación para dársela al país menos productivo, lo que en los hechos no mejorará nada excepto a las oligarquías provinciales (no a sus habitantes) y nos atrasaría aún más como país.
 

Viento Norte

Domingo, 20 de Septiembre de 2020 00:00

El funcionamiento de una economía tiene una regla inexorable: cuando se intenta resolver un problema atacando sus consecuencias y no sus causas, no solo no se lo resuelve, sino que se suman nuevos problemas. Una segunda regla: si se espera que las dificultades se resuelvan solas, los daños ocasionados sobre la sociedad serán más destructivos que si se diseña correctamente su solución. Y en un proceso no programado en el que no se prevén los hechos, los más perjudicados serán los que cuenten con menor capacidad para defenderse del daño.
 
**************
Las recientes medidas implementadas en materia cambiaria y financiera desconocen estas reglas. El persistente drenaje de las reservas del Banco Central tiene como causa la pérdida de la confianza. No se cree en la capacidad del Gobierno para corregir los problemas estructurales de nuestra economía. Más aún, cada paso que ha dado desde su asunció ha sido en sentido contrario a la dirección que indica el sentido común.
 
**************
 
Esta falla fundamental no debe adjudicarse a la pandemia, sino a una visión de los problemas opacada por ideologismos retrógrados y a una gestión que privilegia la obtención de impunidad judicial para la corrupción durante la anterior gestión de quienes ahora gobiernan. Para esto último hay un plan cuidadosamente elaborado, mientras que no lo hay para la gestión económica.
 
**************
 
La presentación del Presupuesto 2021 confirma esta carencia a poco que se analicen la escasa coherencia e irrealismo de sus hipótesis. No hay confianza en la capacidad del Gobierno para resolver la grave situación económica. Se observa una emisión de moneda en magnitudes inéditas, lo que hasta al más lego le hace presagiar una mayor inflación. Los datos muestran que la mayor retención de pesos durante la cuarentena desde hace unas semanas se está revirtiendo para aplicarse al consumo, pero en una porción importante, al ahorro en dólares.
 
**************
La filosofía de estas medidas cambiarias ha sido intentar corregir los problemas del cepo con más cepo y además transferir los costos al sector privado. Esto es claro en el caso de las empresas que necesitan divisas para cumplir con los servicios de créditos tomados en moneda extranjera. Ya no lo podrán hacer con la relación de cambio oficial con la que exportan o la que rige las importaciones con las que deben competir. Ahora advierten que se ha dado un paso hacia el desdoblamiento del mercado cambiario, ya que en los hechos se deberá recurrir a un dólar encarecido para la cancelación de sus deudas con el exterior. 
 
**************
 
El Gobierno obliga a reestructurar los vencimientos y, de no hacerlo, no venderá dólares con ese fin. No será fácil para las empresas renegociar con sus acreedores, lo cual resultará inevitable para los que no quieran o no puedan cumplir con sus pagos con un tipo de cambio sustancialmente mayor. Puede entenderse el impacto perjudicial que esta medida tendrá sobre la confianza. Es lo opuesto de lo que se necesita para corregir las causas del problema.
 
**************
 
La compra de 200 dólares mensuales para ahorro no se ha suprimido, pero se deducirán desde ahora del cupo las compras en moneda extranjera por tarjeta de crédito y se le ha incorporado un 35% de adelanto de impuesto a las ganancias. Así, junto con el impuesto turístico, se lleva el costo de un dólar a 131 pesos. Aunque pudiera recuperarse el impuesto, esto le pareció al Gobierno suficiente para desalentar las compras al Banco Central. 
 
 

Página 20 de 21


Radio Uno En VIVO!!!!
Naranja

VIDEOS

You need Flash player 6+ and JavaScript enabled to view this video.




Edición Hojeable