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Sábado 08 de agosto de 2020

¡No es posible un verdadero cambio si la especie dominante del planeta no ha decidido cambiar!

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¡No es posible un verdadero cambio si la especie dominante del planeta no ha decidido cambiar!¡No es posible un verdadero cambio si la especie dominante del planeta no ha decidido cambiar!Todos somos testigos obligados de que la dinámica global ha cambiado, y de que estos cambios son solo el inicio de una nueva manera de estar, de vivir, de transitar por este mundo.

Pero, ¿qué es lo que ha cambiado verdaderamente?... para dar una primera, realista y paradojal respuesta, tenemos que decir que aún no ha cambiado sustancialmente nada.

Solo nos hemos detenido, se han detenido algunas de nuestras actividades más visibles, sensibles y cotidianas y a las que hemos transformado en “vitales” “absolutamente necesarias”… “imprescindibles”. Y en respuesta a tales calificativos de esas actividades humanas, estamos “padeciendo” las consecuencias de sus detenciones.

Se nos hace necesario restaurarlas, restablecerlas, “normalizarlas”… Eso me recuerda una expresión de Néstor Braunstein, un epistemólogo argentino que afirma en uno de sus libros: “es necesario que todo cambie, para que todo permanezca”.

Cuando algo nos presiona, nos hace temblar, nos encierra, nos atemoriza… todos coincidimos que hay que cambiar, que así no podemos continuar, pero, es necesario distinguir entre un cambio superficial, estético, temporal y un cambio profundo, radical, verdadero. Un cambio que demanda un profundo reconocimiento interior, individual y social, reconocimiento de que las afecciones que padece este mundo, tienen sus raíces en estructuras, maneras, modos, conductas… que nos atraviesan y se expresan, desde nosotros hacia afuera, provocando esto que vemos, que “nos asombra”, que nos determina, limita… y que nos devuelve enfermedad, alienación, desesperación… incertidumbre.

Los tristes y alarmantes datos que podemos leer hoy nos asustan y empujan a la reflexión. Menciono solo uno: “…hemos cambiado radicalmente las poblaciones de seres vivos, destruyendo aproximadamente 83% de toda la fauna silvestre y la mitad de la flora. Actualmente, estiman los investigadores, 96% de los mamíferos son humanos o ganado (para el consumo o manipulación humana), y solo 4% animales silvestres”…

“Algunos científicos están intentando nombrar a nuestra era antropológica actual en nuestro honor: el Antropoceno. No es para estar orgullosos, porque muchos de los cambios que le estamos haciendo a nuestro planeta son vergonzosos”. De “La Tierra nos recordará por el desastre que dejamos” Artículo de “Mundo” citando a la revista científica Nature. (https://gestion.pe/mundo/la-tierra-nos-recordara-por-el-desastre-que-dejamos-noticia/?ref=gesr)

Es innegable que éstos son cambios, lamentables y criminales cambios que los humanos hemos rubricado sin una pizca de reflexión, sin medir las consecuencias, cambios hacia fuera, contra otros seres, en contra de nuestro propio hábitat… y absurdamente, en contra de nosotros mismos. Detalles de estos cambios pululan por doquier, no hace falta decir más. El ser humano ya ha mostrado su peor rostro por mucho tiempo, su capacidad de daño y destrucción. Pero, no estoy conforme con esa muestra, eso no es todo el ser humano, no es todo lo que somos. Ahora, es necesario parir desde el interior de cada uno, nuestra mejor versión de quienes podemos ser. Es necesario instrumentalizar medidas urgentes, sencillas, alcanzables, cotidianas, al menos intentarlo. Propongo solo cinco:

1°- Reconocer lo que, como humanos, hemos provocado al planeta. La peor postura es la negación, la minimización, la relativización de los daños ya que esta postura favorece el acomodo, la inactividad… la ligera expresión “total no pasa nada” o “son exageraciones, el mundo sigue girando”. Reconocer, aceptar la realidad y, en una especie de examen de conciencia, dolernos por nuestra propia participación, directa o indirecta, en este caos desastroso al que llegamos.

2°- Cambiar, decididamente, “pequeños” vicios que se han instalado en nuestras maneras de vivir cotidianas. Evitar Derroches (de agua, energía… etc). Evitar Contaminación (con plásticos, baterías usadas, combustibles, altos decibeles… etc). Cambiar Hábitos alimenticios dañinos (todo consumo que implica dañar a otros seres vivos y a corto o largo plazo derivarán en enfermedades que irreversiblemente nos harán dependientes de medicaciones o limitados en nuestro potencial y capacidades).

3°- Meditar sobre la herencia que le dejaremos a las futuras generaciones. Si observamos con atención, sensibilidad y profundidad a un niño jugando en un parque, en una plaza… verlo correr, brincar, sonreír, disfrutar… debería bastarnos para activar medidas determinantes, en nosotros mismos y en los que están a nuestro cuidado. Intentemos dejarles un planeta algo mejor de lo que recibimos, o por lo menos, no peor de lo que ya está.

4°- Volver a mirarnos como hermanos de una gran familia. San Francisco de Asís nos dio unas cuantas claves allá por el 1200. El olvido del otro como un par, un igual, un familiar, más allá de todas las características que nos diferencian, es la causa de grandes desequilibrios, de crecientes egoísmos, individualismos dañinos. Volvernos islas solo nos apoca, nos empobrece. Recuperar nuestro ser Familia planetaria, nos contiene, nos fortalece, nos exalta como especie. Sería más triste aún esperar un enemigo común, alienígeno, como en las películas de ficción, para recién unirnos y enfrentarlo como un gran cuerpo. Nadie se salva solo, somos una comunidad.

5°- Recuperar nuestra conciencia y sensibilidad de que estamos conectados con el todo. Nuestro ADN es una síntesis de todos nuestros ancestros. La composición molecular química de nuestros cuerpos está también presente fuera de nosotros y, hasta fuera de nuestra atmósfera, como decía Carl Sagan, “somos polvo de estrellas”. Todos somos parte de lo mismo.

El aire que respiramos, la tierra que pisamos, el agua que fluye, los rayos de Sol que nos iluminan y calientan… Recuperar la conciencia de esta conexión gratuita e irrenunciable podría ayudarnos a vivir mejor y a dejar como herencia un mundo más saludable y habitable, no uno oscuro y vergonzoso. Nuestros hijos, nietos, niñas y niños lo merecen. Reconectarnos conscientemente por ellos y por nosotros mismos es una Obligación.



Profesor Néstor Ariel Velozo
DNI 21773448




Comentarios (1)add
EXACTO
Escrito por Julieta , 01 de agosto de 2020, 13:15 hs.
Muy buena reflexión, ojalá solo pudieramos cumplir una sola.
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