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Sábado 08 de agosto de 2020

Inseguridad e impunidad van de la mano

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Inseguridad e impunidad  van de la manoInseguridad e impunidad van de la manoLa cuarentena parecía haber obrado el milagro: de su mano, en las primeras semanas, las cifras del delito habían caído de manera notable.
A fines de abril se detectaban ya más robos en las principales ciudades del país. A mediados de junio, la inseguridad volvía a golpear de manera feroz: en ocho días la Provincia registraba cuatro muertos en cinco hechos, entre ellos el crimen de la playera que esperaba el colectivo para ir a su trabajo en plena madrugada y que les rogó a los delincuentes por su vida. Al compás de las disputas entre Provincia y Nación, lejos de resolverse el tema siguió escalando.

En la última semana, una serie de casos, brutales en todo sentido, lo exhibieron de la manera más descarnada. Un trabajo de Clarín, publicado ayer, le puso cifras a lo que es una realidad tan acuciante como la pandemia. En lo que va del año, en territorio bonaerense, hubo 74 homicidios: 40 víctimas de robos y 34 ladrones.

Detrás de los números están las historias y las venas abiertas de una sociedad caníbal: los asaltos se dan muchas veces entre vecinos: un pobre le roba a otro,- quizás apenas menos pobre-, incluso lo que no tiene, con su secuela de vidas destrozadas. “Yo no nací para matar”, dijo Jorge Ríos, el jubilado de Quilmes que mató a uno de los ladrones que intentaron asaltarlo en su casa tres veces en una noche. “Nosotros no condenamos al hombre mayor que lo hizo; reaccionó como cualquiera de nosotros lo hubiera hecho”, justificó la tía de otro asaltante muerto a manos de otro jubilado, cuando entraba a robar a la casa del hombre en Mar del Plata. Espanto sobre espanto, el flagelo de la justicia por mano propia va ganando terreno en una sociedad que no se siente protegida por quienes deberían garantizar su seguridad.

Y que también asiste, impotente, a una aplicación errática, despareja o directamente nula, de la ley: en plena cuarentena, con el crecimiento exponencial de contagios por coronavirus y controles estrictos y tediosos para quienes deben salir a trabajar, todo Quilmes vio pasar el cortejo fúnebre de la barra brava de ese club despidiendo al asaltante muerto a manos del jubilado Ríos. Otro de los ladrones, detenido por el mismo hecho, había sido beneficiado meses atrás con la polémica excarcelación masiva por la pandemia.

Delito sin castigar es la definición que la Real Academia Española da para impunidad. Lo que se puede emparentar con la injusticia de dos maneras: quien o quienes cometieron el delito no recibieron sanción, y/o las víctimas no accedieron a la reparación del daño. Nada es casual. “La impunidad representa un fenómeno que multiplica y retroalimenta las consecuencias de otros problemas sociales como la inseguridad, la violencia o la corrupción”, explicó Juan Le Clerq Ortega, doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México y uno de los expertos que desarrolló el Indice Global de Impunidad (IGI). Parte de las conclusiones del trabajo es que a mayor impunidad, menor desarrollo humano y mayor desigualdad. Que a medida que aumenta la impunidad disminuye el PBI per cápita, y que mientras más crece la desigualdad, más lo hace también la impunidad. Un caldo de cultivo inmejorable.

También se estableció una correlación entre el Estado de Derecho y la corrupción: a mayores niveles de corrupción -comprobaron- mayor es el nivel de impunidad, y también es mayor el nivel de impunidad en la medida en que es menor el respeto al Estado de Derecho. Justamente el Indice de Estado de Derecho que elabora el World Justice Project conocido en marzo pasado ubicó a Argentina en el lugar 48 entre 128 países, en un ranking liderado por Dinamarca. Las variables tenidas en cuenta son límites al poder gubernamental, ausencia de corrupción, gobierno abierto, derechos fundamentales, orden y seguridad, cumplimiento regulatorio, Justicia civil y Justicia penal. En materia de Orden y seguridad, el país se ubicó en el puesto 108. En Justicia penal, en el 68.

Más allá de los índices, hay señales. No parece ser la mejor que el abogado de Cristina Kirchner integre el Consejo Asesor que diseñará cambios en el sistema judicial. El mismo en el que la vicepresidenta tiene abiertas varias causas por corrupción y cuando sobrevuela la sospecha de que lo que se busca es, justamente, impunidad. Como se dice de la mujer del César, no sólo debe ser honrada. Además, debe parecerlo.


Por Silvia Fesquet

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