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Domingo 09 de agosto de 2020

Stand up de Guzmán, el imposible de Cristina y súper miércoles para todos

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El ministro de Economía tiene que ir al Congreso por la deuda. Mientras, la vice hace pedidos incumplibles desde Cuba.

Raro stand up de Guzmán para seducir al FMI
 
Nadie dijo que sería un verano manso. Oficialismo y oposición avanzan, en medio de una crisis de certidumbre, construyendo su mejor perfil. Las jefaturas están sometidas al camino penitencial de las pruebas de liderazgo. Le corre a Alberto Fernández el rol más tirante, con una semana que comienza con eventos cuyo simbolismo necesita sostener ante los acreedores, aunque la oposición de Cambiemos se juega también el cuerpo, en el armado de sus ejércitos. Alberto reúne el miércoles al Congreso, con la rara formalidad de una sesión informativa, como la que suelen hacer los jefes de Gabinete, para que Martín Guzmán exponga ante los diputados e invitados especiales -cámaras empresarias y otros referentes de los factores de poder-, y lo vean cómo está en control de la salida del default.
 
No es usual un informe este tipo ante el plenario. Durará dos horas, habrá preguntas de los bloques y un final con cierres, como si fuera un debate en serio. No es una interpelación al ministro, que son raras en el Congreso argentino. La más recordada fue la de Antonio Tróccoli para dar razones de las investigaciones del caso Sivak, en los años 80. Después, el comparendo de 11 horas (sin interrumpir ni para ir al baño, una proeza digna de pañalera) de Domingo Cavallo para denunciar a Alfredo Yabrán.
 
Esta vez obedece a un pedido de la oposición, que el Gobierno aprovecha para un stand up -casi un corte de ruta- para impresionar a la misión del FMI que llega ese día. Tiene que ser estridente y verosímil, porque los enviados de Kristalina Georgieva han leído que Cristina tiró un tomatazo al parabrisas de Guzmán cuando pidió, junto al presidente de Cuba, que el FMI hiciera una quita de capital. Eso es un imposible según las reglas de este organismo, y de todos los multilaterales. Te podrán hacer un acuerdo de facilidades extendidas, un stand by, un waiver -todo el menú de recetas con el que nos criamos de chicos- pero nunca una quita del capital.
 
Cristina desconfía y se blinda por las suyas
 
Esta disidencia no es inocente, porque revela la hondura de las diferencias entre las tribus del Gobierno. Alberto es el dueño de la administración, más de lo que se le reconoce, pero no tiene el control de Cristina, que juega por libre. Se entiende que ella huya de los acuerdos con los otros caciques del partido, que son una banda de traidores certificados -son quienes hicieron el tinglado legal para que hubiera, en el léxico de ella, “presos políticos”, leyes de arrepentidos o proyectos de extinción de dominio-. Eso no lo olvida. Por eso arma un equipo de control de daños en la IGJ, el Consejo de la Magistratura y la AFIP, captura las comisiones-tranquera del Senado y las grandes cajas (Anses, YPF, INCAA).
 
Un escudo labrado con el detalle del homérico Hefesto (Ilíada) que busca protegerla. Pocas veces visto este ánimo regalista de emplear recursos públicos para proteger el interés personal. Y que del interés público se encargue Alberto, y que pague él los costos. La confrontación entre funcionarios sobre los presos políticos adelanta un formato legal, que el tiempo probará si es una hipótesis o un plan urdido con cuidado y tino –algo extraño en el peronismo-, para aislarla a ella de las causas que la comprometen. Esto se llama cambio de carátula, para que le saquen la figura de asociación ilícita. Con eso se caen varios procesamientos, y las figuras más graves. Pero sólo para ella. No para el resto. De ahí las broncas de los detenidos, que ven que ella busca un blindaje que no los alcanza a ellos. Estas constancias las certificará el futuro. La oposición de Juntos por el Cambio se reúne la semana que viene, alrededor del martes 18, para armar una agenda legislativa que incluya reflotar proyectos como el de extinción de dominio, que no llegó a ser ley (hoy es un DNU de Macri, que desactiva el recurso). Los jefes opositores quieren echarles sal a las heridas internas del peronismo reflotando estos debates.
Los “enamorados del default”
 
La cita del super miércoles en Diputados la charlaron Alberto y Guzmán el viernes, en la Casa Rosada, apenas llegaron del viaje de los sueños. Trajeron el apoyo a la renegociación desde los jefes europeos hasta el Papa, pasando por bedeles y personal de mantenimiento. Pero Cristina les echa lavandina a estos éxitos y alimenta las diferencias del Ejecutivo nacional con Axel Kicillof. Las niegan desde la cúpula, pero hacen todo para que el público se las crea. El gobernador se identifica con otro proyecto del peronismo, que Miguel Pichetto llama el “enamoramiento del default”. Es el sueño del pibe: un país en default, con superávit comercial de cuenta corriente externa, con el doble de las reservas de 2015, un dólar competitivo y un programa a futuro de baja del déficit. Si no pagás, todo es para vos, y hacés mercado internismo sin pagar la deuda. Una panacea, hasta que llegue otro y pague lo que dejaste.
 
Antes de 2015, Axel y Cristina estuvieron a un pelo de cerrar el acuerdo con los bonistas de diversa vocación carroñera. Pero el formato de aparecer pagando era más caro que pagar. Y eligieron no pagar. Pagó el que vino. En esa reunión en la Rosada, los dos viajeros y Santiago Cafiero instruyeron a Sergio Massa a que cambie el menú de la visita del miércoles, y que se parezca a una asamblea legislativa en el recinto. Los detalles se discutirán este lunes en la oficina de Massa con los jefes de todos los bloques. Después Guzmán se embutió en las planillas para definir las características de la oferta del bono Alberto, para revolear deudas y evitar una emisión que podría alimentar corridas hacia el dólar.
 
La demora en cubrir cargos revaloriza a los más veteranos
 
El miércoles es también una “súper” fecha para la oposición. Ese día está convocado un plenario del colegio de la Auditoría General de la Nación, que ordenará cambios en gerencias y direcciones que están ocupadas por el oficialismo que cesó el 10 de diciembre. Se cumplen los dos meses de la asunción del nuevo gobierno y la oposición no ha designado al presidente que corresponde. El organismo está a cargo de Javier Fernández, activísimo auditor del peronismo, que tiene cuatro bancas contra dos del radicalismo. Fernández ocupa el cargo porque es el más viejo de todos, después de la salida del legendario Oscar Lamberto. De paso, la lentitud institucional para resolver cargos, después del cambio de gobierno, pone a otro organismo en manos de los más veteranos.
 
El miércoles se discutió en el Consejo de la Magistratura quién era el más viejo, porque había que resolver la renuncia de Mario Pais y había cesado la designación de Ricardo Recondo, por final de mandato.
 
 
Por Ignazio Zuleta 

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