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Miércoles 21 de agosto de 2019

Francisco renueva los estatutos del Instituto para las Obras de Religión

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El Sumo Pontífice Jorge Bergoglio, Francisco El Sumo Pontífice Jorge Bergoglio, Francisco Se ha renovado el Estatuto aprobado por el Papa Juan Pablo II en 1990: se ha introducido la figura del auditor externo para la auditoría de cuentas según las normas internacionales.
Asimismo, se especifican los principios católicos en los que se basa la misión del IOR.

El Papa Francisco, a través de un quirófrago publicado ayer, renueva, ad experimentum por dos años, los Estatutos del Instituto para las Obras de Religión, aprobados en 1990 por Juan Pablo II, quien a su vez, para adaptarlo mejor “a las necesidades de los tiempos”, había dado una nueva configuración al IOR, establecido en 1942 por Pío XII. El mismo Papa Pacelli había hecho los primeros cambios en 1944.

La finalidad del Instituto sigue siendo la misma, con la tarea de “garantizar la custodia y administración de los bienes muebles e inmuebles transferidos o confiados al Instituto por personas físicas o jurídicas y destinados a obras de religión o caridad”.

Una de las principales novedades es la introducción de un auditor externo, que puede ser una persona física o una empresa, para auditar los estados financieros de acuerdo con las normas internacionales reconocidas. Por lo tanto, los órganos del Instituto ya no incluyen a los tres auditores internos, cuyos cargos eran siempre renovables.

El Auditor Externo es nombrado por la Comisión de Cardenales a propuesta de la Junta de Superintendencia y desempeña sus funciones por un período de tres ejercicios económicos consecutivos, renovable una sola vez.

Es responsable de la auditoría legal de las cuentas: expresa “su opinión sobre los estados financieros del Instituto en un informe especial”, “examina todos los libros y documentos contables”, “recibe del Instituto y a este puede pedirle cualquier información que pueda ser útil para sus actividades de auditoría”.

La estructura de gobierno del IOR: la Comisión de los Cardenales

Los órganos del IOR se convierten en cuatro. La Comisión de Cardenales, compuesta por cinco cardenales nombrados por el Papa por un período de cinco años que puede ser confirmada una sola vez. Antes eran siempre renovables.

El Consejo de Superintendencia, compuesto por siete miembros (antes eran cinco), nombrados por un período de cinco años por la Comisión de Cardenales, que ahora sólo puede ser confirmado una vez. El Consejo podrá establecer “comités consultivos especiales en el seno del Consejo para recibir el apoyo adecuado en la toma de decisiones sobre asuntos específicos”. El Presidente del Consejo de Superintendencia, nombrado por la Comisión de Cardenales, es el representante legal del IOR.

Luego está el Prelado, nombrado por cinco años por la Comisión de Cardenales y ahora confirmado una sola vez. El nuevo Estatuto especifica en detalle su tarea, que consiste en promover la “dimensión ética” de los administradores y empleados para que su trabajo sea coherente con los principios católicos y la misión del Instituto, manteniendo intercambios constantes con todo el personal de la IOR.

El cuarto órgano rector del Instituto es el Consejo de Administración. El Director General puede ser nombrado por un período determinado (cinco años y una sola vez) o por un período indefinido: en cualquier caso, cesa en su cargo a la edad de 70 años. Antes, en casos excepcionales, podía superar este umbral.

Según los nuevos Estatutos, la sustitución de un miembro puede tener lugar, no sólo en el caso de fallecimiento, sino también cuando “quede incapacitado o cese prematuramente en su cargo por cualquier motivo”.

Además en la reforma, se ha insertado un párrafo sobre el personal con el fin de cerrar una laguna existente en el anterior Estatuto de los funcionarios.

“Todos los empleados del Instituto, en constancia de relación de trabajador, tienen la obligación de exclusividad de empleo: no podrán ejercer ninguna otra actividad administrativa y/o consultiva, ya sea remunerada o gratuita, ni realizar ninguna actividad comercial, ni participar de ninguna manera, ni dentro ni fuera del Estado de la Ciudad del Vaticano”. “Todos los empleados deben cumplir con el Código de Ética aprobado por el Consejo Supervisor”.

Asimismo, se introduce la figura del Secretario Único del Consejo, con formación jurídica adecuada, que se encarga de las verbalizaciones de las reuniones del Consejo, de las comisiones y de la custodia de sus actas. En este sentido, se introducen normas más estrictas en las actas de las “reuniones”: se solicita explícitamente que las actas sean “fieles, precisas y completas” y que se lean y aprueben al final de cada reunión.
(Momarandú.com)





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