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Miércoles 20 de marzo de 2019

El mensaje de las banderas argentinas en las Malvinas

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Ya son 112 los soldados identificados. Los familiares pudieron visitar las tumbas de los ex combatientes. Y desplegaron el símbolo patrio en acuerdo con los isleños.

Entre los permanentes caminos de retroceso que toma el país adolescente, este miércoles se produjo un impactante paso adelante. Sucedió en las islas Malvinas, muy lejos de Buenos Aires. Una bandera argentina volvió a ser extendida en el Cementerio de Darwin. La sostenían un grupo de familiares de soldados caídos en el conflicto de 1982. Viudas, hermanos, hijas, hijos.

Algunos sonreían por el alivio que les producía la situación. Otros lloraban porque habían llegado hasta allí luego de que las pruebas de ADN determinaran que esos combatientes pertenecían a sus familias. La guerra y la muerte flotaban en esos campos tan parecidos a la Patagonia cercana. Pero ya han pasado treinta y siete años y las cosas ahora comienzan a lucir muy diferentes.

La última vez que se descubrió una bandera argentina en el Cementerio de Darwin ardieron las heridas abiertas de la guerra. Fue en 2007, cuando cientos de isleños y de soldados británicos se congregaron en Malvinas para celebrar los 25 años de una victoria que todavía estaba fresca.

También viajaron hacia las islas cuatro ex combatientes argentinos de la ciudad de La Matanza y un abogado correntino que había combatido en Goose Green, una loma que baja desde las tumbas con cruces blancas hasta uno de los tantos lagos interiores con un centenar de casas en una de las orillas.

Llegaron el domingo 2 de abril, desplegaron el paño celeste y blanco, cantaron el himno abrazados, mirando hacia la Bahía de San Carlos, y dejaron una decena de placas con el nombre de algunos de sus compañeros caídos en las batallas. Nada que pudiera parecer demasiado ofensivo.

Pero los 74 días de guerra todavía resonaban entre los 2.500 habitantes de las islas y la sola aparición de la bandera enemiga disparó los rencores dormidos. La exhibición de símbolos patrios argentinos estaba prohibida en todo el territorio. Alertado por algunos vecinos, un oficial de la policía isleña se apersonó en Darwin y se llevó las placas de la discordia. El pequeño incidente desató un cruce de declaraciones diplomáticas entre Gran Bretaña y el Gobierno argentino de entonces, presidido por Néstor Kirchner.

Hubo algunos reproches cruzando el Atlántico, un par de cruces vehementes entre las cervezas del pub Globe Tavern y un final con distensión que alivió a la mayoría. Unos días después, las placas fueron devueltas y los ex combatientes volvieron tranquilos a sus casas del Gran Buenos Aires para continuar con el duelo.

Doce años pasaron de aquella bandera desplegada casi en la clandestinidad. Años que venían sin una política de Estado consensuada por la dirigencia en torno a las islas. De la desmalvinización de Alfonsín a los ositos de peluche de Menem y el canciller Di Tella. Y de allí a la vuelta al frío diplomático que se prolongó con De la Rúa, Duhalde y con los Kirchner. Mientras todo eso pasaba, 122 cuerpos yacían bajo la turba de Darwin con la leyenda “soldado sólo conocido por Dios”.

Casi milagrosamente, comenzó a desarrollarse en 2017 un proyecto humanitario que tuvo a la periodista Gabriela Cociffi, al ex combatiente argentino Julio Aro y como colaborador al ex soldado británico, Geoffrey Cardozo, para identificar a las víctimas de la guerra.

Fernando Gonzalez

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