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Jueves 19 de julio de 2018

La agenda exterior domina las obsesiones de Macri

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La semana de Mauricio Macri está dominada por la agenda internacional, que es muy relevante en su estrategia de poder. El gradualismo fiscal depende de que se pueda emitir deuda a tasas razonables. Y el nivel de crecimiento está determinado por la inversión privada.
El Estado no puede dinamizar la economía. El gasto público ya es exorbitante. Estas prioridades explican el entusiasmo por la visita de Mariano Rajoy . Y la preocupación por la incertidumbre brasileña, agravada con Lula en la cárcel.

Rajoy confirmó lo que suele comentar su amigo Miguel Ángel Cortés, un senador español que conoce como nadie la Argentina: “El presidente tiene dos amigos principales en el mundo. Son Merkel y Macri”.

Llegó a Buenos Aires acompañado de hombres de negocios y funcionarios económicos para ratificar que la relación bilateral, que había colapsado con la estatización de YPF, está reconstruida. Rajoy aprovecha, también, a tomar aire. La crisis catalana parece interminable. Y su Partido Popular debe enfrentar el desafío de Ciudadanos, una fuerza ascendente que aspira a quedarse con su base electoral. La vida material marcha por otro carril.

España lleva tres años de expansión a una tasa del 3% y, para sostener esa performance, debe internacionalizarse todavía más. Para Macri la visita de Rajoy tiene dos atractivos. Uno es la posibilidad de aumentar los niveles de inversión de las empresas españolas en el país, sobre todo en energías renovables y turismo. El otro es el apoyo al Tratado de Libre Comercio del Mercosur con la Unión Europea. El presidente español se presentó como el principal abogado de ese acuerdo.

En su gobierno creen que Europa debe aprovechar el repliegue anglosajón, como llaman al espíritu proteccionista de Estados Unidos y Gran Bretaña, para conquistar el mercado de América Latina. Rajoy, como Merkel, es un defensor de la apertura comercial. Uno de sus colaboradores, el presidente del Instituto de Crédito Oficial, Pablo Zalba, lo explicaba ayer con números: “Cada 1000 millones de euros de incremento en las exportaciones, se crean 14.000 nuevos puestos de trabajo”.

Macri está obsesionado con el acuerdo con Europa. Supone, con razón, que uno de los motivos por los que la economía argentina atrae pocas inversiones es que está muy desconectada. También sabe que el costo político de la apertura es inferior si se justifica en un compromiso internacional y no en una decisión doméstica.

El tratado entre el Mercosur y la Unión Europea fue materia de una larga conversación el lunes pasado, durante la reunión entre el equipo de Producción, liderado por Francisco Cabrera, y el de la Secretaría de Comercio y Competitividad española, que conduce Marisa Poncela. Los argentinos contaron allí las reiteradas gestiones de Macri frente a Michel Temer para que Brasil se flexibilice en la negociación.

La última de ellas fue graciosa. Ocurrió en Santiago de Chile, durante la asunción de Sebastián Piñera. Macri comenzó a quejarse de la rigidez del representante brasileño, Ronaldo Costa, hasta que un colega de ese diplomático lo interrumpió y, señalando a uno de los que formaban el corrillo, dijo: “Se lo presento, Presidente.

Él es Ronaldo Costa”. Una broma pesada de Itamaraty. Los europeos comparten la presunción de que el anuncio de un entendimiento se demora por la intransigencia de Brasil, sobre todo en la discusión automotriz. Los funcionarios de Temer responden: “Somos los más duros por algo obvio, y es que ofrecemos el mayor mercado”.

Un diplomático español admitió ayer: “Tienen algo de razón. Además, no podemos descartar que, a último momento, los franceses creen un problema por el sector agropecuario”. El próximo 23 habrá una reunión técnica en Bruselas. Para un anuncio formal, aunque más no sea político, habría que esperar hasta la reunión de mayo, en Paraguay. Nadie puede descifrar qué significa el acuerdo para Temer .

El presidente de Brasil está muy deteriorado. Tal vez por eso mismo lanzó, desde el piso del 6% de popularidad, su candidatura a la reelección. La prisión de Lula le juega en contra. Los jueces podrían tentarse con avanzar sobre alguien de centroderecha para demostrar que no encarcelaron al líder del PT por caprichos ideológicos.

Temer sería, para esta lógica, un blanco formidable. Fue acusado de favorecer a una empresa con un decreto de regulación de puertos. Por ahora se protege con los fueros.

Por Carlos Pagni

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