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Miércoles 19 de septiembre de 2018

Un favor de Sturzenegger a Macri

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Tal vez Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, haya hecho ayer más de lo que cree por el gobierno de Mauricio Macri. En la disputa ya casi teológica entre metas de inflación y metas de crecimiento que se da dentro de la administración, la autoridad monetaria decidió mantener altas las tasas de interés.
Es cierto que teóricamente las altas tasas de interés pueden enfriar la economía (hay economistas que dudan de que ese sea el caso argentino), pero la opción era peor: un nuevo salto del precio del dólar hubiera provocado otro aumento de la inflación. En rigor, cualquier decisión del Central hubiera sido (y es) riesgosa para una economía que viene de un mes, diciembre, con una alta tasa de inflación (alrededor del 3 por ciento). También la inflación anual superó en 2017 en cinco puntos la inflación estimada por el Gobierno.

De paso, Sturzenegger dio una prueba de independencia, un gesto que le hacía falta desde que apareció en una conferencia de prensa junto con el jefe de Gabinete y los ministros de Hacienda y Finanzas. Aquella vez, hace doce días, se cambiaron las metas de inflación para 2018 (pasaron del 10 al 15 por ciento) y muchos analistas políticos y económicos entendieron que se había producido un significativo cambio en la política económica. En verdad, es el Poder Ejecutivo el que fija las metas de inflación, pero luego es el Banco Central el que adopta sus propias políticas para hacer cumplir esas metas o para evitar males mayores. Por eso, no se entendió qué hacía Sturzenegger en esa conferencia de prensa.

El presidente del Banco Central debe ser independiente para cumplir con su función primaria: defender la moneda nacional.¿Sucedió realmente un cambio drástico de la política económica? Una dosis de realismo no es un cambio. ¿Quién podía creer que en un año, y con políticas gradualistas, la inflación bajaría 14 puntos, del 24 por ciento real de 2017 al 10 por ciento que preveían para 2018? Nadie. De hecho, aún ahora muchos economistas prevén una inflación entre tres y cuatro puntos por encima del 15 por ciento, la nueva meta fijada por el Gobierno.

Cuando las variables económicas son tan frágiles, la decisión más modesta puede empeorar cualquier problema. Una baja abrupta de las tasas de interés, que era lo que preveía el mercado financiero, hubiera transferido muchos pesos a dólares. Una mayor demanda hubiera, a su vez, espoleado el precio del dólar, y el aumento de este habría alentado índices más altos de inflación. Enero ya viene cargado por el arrastre inflacionario de diciembre y por los numerosos aumentos que se anunciaron.

En poco más de diez días, las metas volvieron a ser las de inflación. Pero esta tampoco tiene por qué ser una buena noticia. Una baja pronunciada del dólar, improbable pero no imposible, complicaría aún más a las exportaciones de las economía regionales.

Por Joaquín Morales Solá

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