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Domingo 19 de noviembre de 2017

Irma: un llamado de atención para los negacionistas del cambio climático

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Es un día de lluvia en Buenos Aires y después del almuerzo, prendí la tele. De un canal a otro se repetía la noticia: el huracán Irma llegaba a Miami. Varias vueltas de zapping lo confirmaron rápidamente.
De pronto nada más era noticia: ni el fútbol, ni la economía, ni Santiago Maldonado. Apagué la tele y me fui a Twitter: “El huracán Irma golpea la costa de Florida” ya marcaba tendencia. Las notificaciones del Whatsapp me llevaron a los grupos, donde Irma, con humor popular, llegaba en forma de meme.

Este fenómeno meteorológico sin precedentes lleva más de 10 días haciendo un recorrido devastador por las Antillas menores, y este fin de semana llegó a la costa estadounidense con elevada intensidad. En su paso por el Caribe destrozó el 95% de los edificios de la isla de Barbuda, en Puerto Rico dejó sin electricidad a casi un millón de personas y destrozó las viviendas de cientos de personas en el Municipio de Culebra. El histórico malecón de La Habana, en Cuba, sufrió el impacto de Irma con olas de hasta nueve metros, mientras que hoteles y viviendas fueron destrozados, obligando a cientos de personas a evacuarse. Según un informe de Infobae, el paso de Irma por el Caribe dejó 27 víctimas fatales: diez en la parte francesa y cuatro en la holandesa de St. Martin, cuatro en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, seis en las Islas Vírgenes Británicas y el Archipiélago de Anguila, dos en Puerto Rico y uno en Barbuda.

La llegada de Irma a los Estados Unidos disparó una alerta importante, con operativos masivos que incluyeron el pedido de evacuación inmediata a más de seis millones de personas en Florida y la declaración del estado de sitio en varias ciudades. Con vientos de más de doscientos kilómetros por hora y un aumento de su potencia destructiva, tras haber evolucionado nuevamente de la categoría tres a la cinco, se espera que el huracán no sólo castigue viviendas e infraestructura pública, sino que puede generar una subida extraordinaria del nivel del agua por la marea ciclónica, ya que Florida se encuentra en una zona a nivel del mar. La proyección realizada por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos establece que en sus próximas horas el huracán se dirigirá hacia la bahía de Tampa, luego hacia el norte y pasará por los estados de Georgia, Alabama y Tennessee, entre otros.

Las autoridades siguen alertando sobre los peligros existentes a toda la población, mientras que la aplicación de métodos científicos y tecnológicos permite afrontar mejor los próximos episodios. Sin embargo, su paso dejará inexorablemente pérdidas irremediables y destrozos valuados en miles de millones de dólares.

Esto tal vez sea un llamado de atención para el presidente Donald Trump, quien con una ignorancia supina se jacta de desconocer los efectos del cambio climático, alegando que el calentamiento global es un concepto inventado por China para dañar a la industria norteamericana. Esta postura de Trump se vio reflejada también en su disposición para que Estados Unidos saliera del acuerdo de París, un acuerdo de 195 países, enmarcado en la Convención de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que busca reducir la emisión de gases de efecto invernadero por medio de la mitigación, la adaptación y la resiliencia de los ecosistemas a los efectos del calentamiento global.

En contraste con el furor informativo por el huracán Irma, hubo silencio frente a la feroz tormenta que azotó a las zonas sur y oeste del Gran Buenos Aires, junto a parte de otras provincias como Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa. Con intensas lluvias que llegaron a pasar los 100 mm en algunos municipios de la provincia de Buenos Aires, fuertes vientos de entre 40 y 70 km/h, actividad eléctrica y posible caída de granizo, una vez más el clima castiga a miles de argentinos que se ven obligados a autoevacuarse o pierden irremediablemente el fruto de su trabajo. Cada vez se vuelven más recurrentes fenómenos de este tipo, en donde la importancia de las grandes obras de infraestructura, el accionar de las fuerzas de seguridad y defensa civil, y la toma de conciencia por parte de la ciudadanía se vuelven fundamentales. No podemos subestimar los efectos del cambio climático, ni esperar a que las catástrofes sucedan para actuar.

Deben establecerse protocolos de emergencia ante estas situaciones, que involucren a todos los actores de la sociedad en la generación de respuestas que permitan aminorar sus efectos devastadores y obtener una rápida recuperación. A su vez, se remarca la importancia de contar con un sistema científico y tecnológico que permita establecer alertas tempranas, en coordinación con las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación, para poner al alcance de toda la sociedad información que puede salvar muchas vidas y bienes.

Por Emilio Cornaglia

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