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Domingo 17 de diciembre de 2017

Elecciones 2017: el cristinismo nos recuerda que no tiene moral

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Elecciones 2017: el cristinismo  nos recuerda que no tiene moralElecciones 2017: el cristinismo nos recuerda que no tiene moralQue esté procesada, no condenada, le ha dado libertad de movimiento a Cristina Fernández. Y aprovechó el bolsón de seguidores que le es leal para torearse con Florencio Randazzo.

Todas las maniobras de Cristina Fernández para anotar su frente político, al margen del Partido Justicialista, en una actitud omnipotente, llevan a meditar sobre muchas cuestiones acerca de las enfermedades que padece la Argentina.

La ex Presidente es una mujer procesada, que desfila por Tribunales para rendir cuentas sobre varias fechorías que enriquecieron su patrimonio y el de sus gabinetes. Ya están presos algunos de los que la acompañaban en sus años de gloria en el poder pero que pecaron, que entraron en la exacción de los fondos públicos o recibieron prebendas millonarias.

La imagen de los millones de dólares superando los muros del convento llenó de pudor y vergüenza a muchísimos políticos peronistas que identificaron esa imagen con la quema del cajón mortuorio en las elecciones perdidas ante Raúl R. Alfonsín. Varios de ellos afirmaron que esa misma imagen la cargaría el peronismo como un maldito peso por muchos años.

Pero los respetables del peronismo histórico, que los hay, se equivocaron. Las estadísticas están demostrando que un tercio de la población argentina sigue apoyando a Cristina Fernández, más allá de si robó o no robó. La corrupción no es un valor para ese grupo humano. No pesa al emitir el voto. Más, que no le interesa que haya habido una corrupción monumental en sus años en el Ejecutivo.

Impresionante es la demostración de que en la Argentina los principios elementales y la moralidad son etéreos, inexistentes, marginados, atropellados, basureados. Muestra que muchos políticos, en los hechos, son una sátira, una burla cruel de los principios democráticos.

La gran cuestión es esa. La democracia, tal como se la encara en la Argentina, es definitivamente lábil, extremadamente frágil y escasa. Es un dilema que no tiene fácil cura, que no se revierte ni en el largo plazo, por más empeño que se ponga.

Que esté procesada, no condenada, le ha dado libertad de movimiento a Cristina Fernández. Y aprovechó el bolsón de seguidores que le es leal para torearse con Florencio Randazzo. Otros dirigentes procesados tampoco tuvieron problemas en el pasado. Un caso fue el presidente Mauricio Macri, que asumió el poder procesado, con una condena pendiente.

Hay un límite. Y esa barrera ya fue traspasada muchísimas veces. Muestra, por otra parte, los pasos increíblemente lentos de la Justicia. ¿Cómo es posible que sólo hayan sido apresados menos funcionarios que los dedos de una mano? La crítica contra los tiempos de los procedimientos sigue vigente y tiene que servir de ejemplo hacia futuro.

Otro fenómeno acompaña a Cristina Fernández: el fanatismo de sus seguidores. Tienen una mezcla de barrabravas y cruzados que cuidan el Santo Sepulcro en tiempos de la Edad Media. Son ciegos, duros, irracionales. Se movilizan con una fe que pretende mover montañas. Algunos, por supuesto, creen que están haciendo la revolución, que el único ícono transformador es el cristinismo. El paradigma absoluto del populismo.

Casi todos reivindican el espíritu de los movimientos guerrilleros de los setenta, inyectándoles una dosis de romanticismo que nunca tuvieron ni sintieron. Además, están en todas partes. Jóvenes y adultos en la administración pública, en Justicia Legítima, en las universidades, en determinadas facultades. Estos últimos usan textos definitivamente parciales en términos históricos para los alumnos. Habrá una generación de egresados con una visión irreal de la Argentina y del oficio al cual se piensan consagrar.

Creen a pie juntillas que Macri es la dictadura, que este es un gobierno que desprecia a los pobres. Claro que algunas acciones del gabinete les sirven de base para aumentar las dosis de cuestionamiento. Pero esa es otra cuestión.

Los propios argumentos que usan Cristina Fernández y sus adláteres son que la ex Presidente es víctima de una persecución política, aunque nadie la haya citado que no sea estrictamente de los Tribunales. Cuestionan al supuesto espionaje del que son víctimas. Acusan que este es un gobierno de ricos que le da la espalda al pueblo.

El cristinismo, lo mismo que los movimientos guerrilleros, no ha hecho lo que era otra especificación moral: la autocrítica de sus actos que vulneraron la vida democrática. Y así incluyeron en su podio a las Madres y a las Abuelas que consideran a las víctimas y los desaparecidos, al decir de Graciela Fernández Meijide, “héroes y no humanos” (que se equivocaron).

Hubiera limpiado el clima de la política argentina que queda. Y se planteaba así como una exigencia la autocrítica de los militares y sus maldades durante el proceso.
Por algún camino o por otro Cristina abusa de la parsimonia de la Justicia, reivindica su doctrina y parece proponerse volver a la Casa Rosada, tomando las próximas elecciones legislativas simplemente como una instancia, un simple paso hacia el máximo cargo.



Por Daniel Muchnik

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Comentarios (2)add
Mentira la verdad
Escrito por Eugenio , 20 de junio de 2017, 09:57 hs.
Mucnick..mercenario..como podes juzgar tan libremente a ese 30 y pico por ciento que cree , por encima de la justicia mediática, en la ex presidente.. Los acólitos locales (chicos de los mandados) encima suben este tipo de notas como verdades irrefutables..jaaaa.."podrá cortar todas las flores pero no podrán para la primavera"
CRISTINA GANA
Escrito por Fabian , 18 de junio de 2017, 17:28 hs.
Cristina gana para alegría del pueblo
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