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Sábado 29 de abril de 2017

Inquietantes sucesos animan el año electoral

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La familia KirchnerLa familia KirchnerCuando hay una familia presidencial completa en la mira de la Justicia, sumar otra es demasiado.

Una seguidilla de inquietantes sucesos anima la previa del año electoral. El reality de las escuchas suma cotilleo por un lado y nutre de argumentos persecutorios a CFK por el otro. El procesamiento de Oscar Parrilli por el presunto encubrimiento a Ibar Pérez Corradi, sindicado como autor intelectual del triple crimen de General Rodríguez, un caso relacionado con el tráfico de efedrina y el financiamiento de la política, no se sustenta en los coloridos contactos telefónicos con la ex mandataria sino en otros elementos más físicos, materiales y palpables.

Parrilli cajoneó información de primera mano y calidad que hubiera permitido detener de inmediato al prófugo más buscado tal como se constató y ocurrió meses después y ya con otro gobierno. La defensa del susodicho es endeble. “Me acusan de encubrir a alguien inocente” alega animado por una liviandad digna de otra causa.

Pérez Corradi sigue detenido en la causa de la efedrina y Parrilli no era juez sino titular de la Agencia Federal de Investigaciones, cuando omitió informar a la Justicia dónde vivía, se hacía selfies en familia y compraba pizza el enigmático Ibar.Pero el sobresalto que generan las “pinchaduras” pasa por otras cuestiones. No son la difusión de las delicadezas del vocabulario de CFK las que irritan y ponen en guardia al núcleo duro hiperK.De las conversaciones contenidas en las horas y horas de grabaciones surgirían evidencias de otras cuestiones más comprometidas para la ex mandataria y sus funcionarios. Eso es los que aseguran muchos augurando más novedades.

El tema arruinó las vacaciones de la ex mandataria, quien anunció que no viajará a Croacia con su hija por la “gravedad institucional que se vive en el país”. Con una cuidada literatura justificó su cambio de planes. Argumentando ser “la mandataria más votada después de Perón” y haber presidido el país “en el período de mayores libertades de las que se tenga memoria en democracia”, optó por quedarse entre nosotros hasta nuevo aviso.

La Corte Suprema debe investigar quién filtró las conversas a los medios. No es un tema menor. Tiene que ver con la calidad institucional y el tema nos comprende a todos, pero no parece ser la razón del cambio de planes de las féminas Kirchner.

El protagonista de la serie del momento: “Soy yo, Cristina, pelotudo” enfrenta otros problemas, no sólo el juez Ariel Lijo lo procesó y el fiscal ha pedido su detención con el argumento de que podría entorpecer la investigación, sino que además ya se lo requiere junto a otros en la ampliación de la causa que investiga el encubrimiento en el atentado a la AMIA. Sobre llovido, mojado.

El ex ladero presidencial se refugia en el contraataque y acusa a Mauricio Macri de “escuchador serial” que sólo pretende hacerlos desaparecer políticamente impugnando la candidatura de CFK. Error. Si algo quiere el oficialismo, es que Cris juegue en octubre y polarizar. Toda una encerrona para el PJ y otras fuerzas de la oposición.

Cuando todos esperamos definiciones sobre temas tan sensibles para reconciliarnos con nuestra dirigencias, aparecen nuevas escuchas. Es el turno de Daniel Angelici. Con fervor patriótico y desprejuicio ético, el hombre aparece presionando duro para beneficiar a su parcialidad.

“Lo volvería a hacer” asegura orgulloso de trabajar siempre con la camiseta puesta. Está claro que se refiere al club de sus amores, que tiene el honor de presidir y no al gobierno de su amigo del alma que lo sostiene y defiende.

Para los que ven todo desde el prisma de la política, la diatriba de Elisa Carrió cobra pavorosa verosimilitud. Lilita le taladra la cabeza a Macri desde hace meses pidiendo que saque de escena al dirigente xeneize al que atribuye gestiones non sanctas ante jueces y fiscales del fuero local. Una práctica “naturalizada” según muchos entre los muchachos del tablón.

Otro tema es el del Correo Argentino. El doble embate de la fiscal Gabriela Boquín, quien primero acusa al acuerdo alcanzado de “abusivo” para el Estado y trascartón suma una denuncia a la empresa de “contraria a la buena fe procesal” por abrir una nueva causa contra el Estado cargando intereses que se distancian de manera abismal de los arreglados para salir del concurso, no ayuda. Tampoco alivia saber que la empresa de la discordia no es más de Franco Macri, el papá de Mauricio, sino de los hermanos del Presidente y de los tres hijos de su primer matrimonio.

Cuando los pasillos de Tribunales se atiborran de funcionarios del anterior Gobierno llamados a explicar negociados y arreglos incompatibles con la función pública. Y cuando hay una familia presidencial completa en la mira de la Justicia, sumar otra es demasiado. La tolerancia tiene límites.

Por el momento, las explicaciones que bajan desde el oficialismo no alcanzan. Se impone un tiempo y prácticas de máxima transparencia y cuidado en los asuntos en los que los intereses privados de los actuales mandatarios se tocan con los públicos. Austeridad, ética y renunciamientos para sobrellevar el terrible esfuerzo que está soportando la mayoría.
No basta con ser, además hay que parecer.

Por Mónica Gutiérrez

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