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Domingo 16 de diciembre de 2018

Los orígenes de Emilce “Mimí” Sosa una historia llena de sacrificio y amor

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Por Javi Quintela
Muchos formoseños acostumbran a escuchar o leer las noticias relacionadas con la jugadora de voley Emilce “Mimí” Sosa, pero casi todos desconocen sus orígenes. Su niñez, su infancia, su adolescencia, difícil por cierto, pero real, con vivencias felices y también tristes. Con ausencias prolongadas del hogar y momentos compartidos con gran felicidad junto a los suyos.

Emilce Sosa, es formoseña, juega al voley, todo lo logrado al presente es suyo, más allá del amor por sus padres y hermanos.
Esta historia, que resulta un ejemplo de vida, vale la pena ser leída por todos, porque lleva un mensaje profundo de fe y perseverancia.

La historia
Emilce Sosa se crió en una comunidad de indios Wichis en Formosa, y hoy lleva la cinta de capitana de la selección argentina de vóley y es profesional en Rumania. Lleva un tatuaje en su antebrazo derecho que dice: “Otetsel ta n’am talakis”. ¿Sabés qué dice? “Mis raíces. Mi historia”
De decisiones está hecha la vida. Grandes o pequeñas. De decir “sí” o “no” en el momento adecuado. Hay veces que se puede llegar a lamentar de una elección, pero hay otras en las que sucede todo lo contrario...

Una decisión muy acertada
Emilce Fabiana Sosa (o “Mimi”, como la conocen todos) tuvo que tomar, a los ocho años, una de esas decisiones que te cambian la vida. Ella nació en Ibarreta, provincia de Formosa, aunque pasó los primeros años de su vida en Las Lomitas, a 400 kilómetros de su ciudad natal y cerca del límite con Salta. Por ese entonces veía muy poco a su mamá Vilma (“se llama así pero en realidad todos la conocen como Vicky”, aclara), ya que ella era maestra en Lote Uno, una comunidad aborigen de indios Wichis ubicada a 300 kilómetros de Las Lomitas. Los días lejos de su mamá fueron tristes para “Mimi”, hasta que tomó una decisión. Y todo cambió.

“Estar con mi mamá”
“Lo único que quería era estar con mi mamá, sólo la veía en julio o en diciembre y eso era muy duro. Así que cuando tenía 8 años fui con mis hermanos a visitarla, y no volví más. Mi papá (también maestro) pidió el traslado, y finalmente todos nos fuimos para allá”, cuenta la actual capitana de la Selección Argentina de voley femenino.

Todo cambió
A partir de allí todo cambió para “Mimi”, que pasó a tener a su mamá como maestra y a convivir con chicos que hablaban otro idioma y que tenían otras costumbres. Sin embargo, los lamentos nunca aparecieron. Ella empezó a vivir a la par de los Wichis, y aprendió cosas mucho más valiosas que la regla de tres simple, como el respeto, la lealtad y la humildad. “La verdad es que no cambiaría mi infancia por nada”, se sincera “Mimi” desde Rumania, país en dónde juega profesionalmente al vóley.

Aquellos días en Lote Uno
¿Cómo eran los días allí, en Lote Uno? “Mimi” recuerda: “Cuando iba a la Primaria, mientras mi papá prendía el fuego para poner agua para el mate, mi mamá se ponía el guardapolvo y nos despertaba a todos. Tras desayunar, mi papá se iba a su escuela (en Tres Palmas) y mis hermanos y yo a la escuela de mi mamá. Por lo general comíamos ahí y después salíamos a jugar en el monte. Cuando mis papás terminaban su horario en la escuela, se iban a trabajar en la comunidad con otros padres haciendo talleres de costura, panadería, carpintería, entre otras cosas. A la noche cenábamos y como no había luz eléctrica mi papá tocaba la guitarra en la oscuridad y nosotros nos poníamos en ronda para escucharlos cantar a él y a mi mamá”.

El voley
El vóley llegó a su vida mucho después. Omar, su papá, era deportista por naturaleza, y él le inculcó su misma pasión por la pelota. Una pelota que, al principio, no era la de vóley. “Mi pasión es el fútbol. Desde que tengo uso de razón jugaba al fútbol con mi papá”, cuenta “Mimi” entre risas. Y, además, asegura tener un récord difícil de igualar: “Lo que aprendí de él es a hacer ‘cabecitas’, sola. Hoy en día tengo un récord personal de 265, ja ja ja”.
Más tarde, sí, el vóley llegó. A los 14 años comenzó a jugar al voley en el Club Escuela de Comercio de Las Lomitas. Luego, pasó por Córdoba (Club Universitario y también la Asociación Deportiva Atenas), hasta que debutó en la Liga Nacional defendiendo los colores de 9 de Julio Olímpico (de Freyre). Después, la historia es más conocida, con el título con Boca y su sueño -cumplido- de llegar a integrar la Selección Argentina, en la cual es hoy la capitana.

La vida…hoy
Hoy, la vida la encuentra en Rumania, muy lejos de su Formosa querida. Sin embargo, y a pesar de que por su actualidad se le complica estar mucho tiempo en Argentina, ella no olvida sus orígenes, esos que la definieron como persona. “Mis raíces, mi historia”. Tal como dice el tatuaje que se hizo. No en español. En wichi, claro.

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