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Viernes 24 de mayo de 2019

Cómo superar una década de mala praxis económica

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Cómo superar una década  de mala praxis económicaCómo superar una década de mala praxis económicaEl combate a la inflación requiere de un enfoque integral, que ataque en forma coordinada los factores que la generan.

Un 32% de personas bajo la línea de pobreza, un PBI por habitante inferior al de una década atrás, 50% de inflación anual y 9,1% de desempleo son sólo cuatro indicadores que caracterizan a la Argentina actual y son fruto de más de una década de desmanejos económicos.

En esta nota vamos a repasar los puntos más destacados de esta persistente mala praxis con la secreta esperanza de que la sociedad termine alguna vez aprendiendo de los errores cometidos para no reincidir en ellos.

Inflación. A comienzos de 2007 se intervino de facto el INDEC para ocultar la creciente inflación resultante de la decisión de utilizar el impuesto inflacionario –emisión monetaria- para cubrir la creciente brecha entre el gasto y el ingreso fiscal.

La inflación, que en 2006 había sido del 10,9%, en 2007 alcanzó el 24%, en 2014 el 38% y en 2018 rozó el 50%.
Manipulación estadística. No sólo se tergiversaron las estadísticas de precios; también se llegó a difundir números que mostrarían que la pobreza en Argentina era inferior a la de Alemania antes de discontinuar su publicación con el ridículo argumento que la misma era estigmatizante para los pobres.

Cepo cambiario. Una de las consecuencias de la inexistencia de estadísticas públicas creíbles fue el cierre del acceso al mercado internacional de capitales. Imposibilitado de acceder al mismo y ante un crecimiento de las importaciones más veloz que las castigadas exportaciones argentinas el gobierno de turno implantó en 2011 el cepo cambiario, generando un mercado de cambios oficial y otro paralelo con las consiguientes distorsiones cuando no oportunidades para la corruptela.

Proliferaron los viajes al exterior, las importaciones de autos de alta gama y las maniobras con las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), aprovechando el tipo de cambio oficial subsidiado mientras caía la liquidación de divisas por exportaciones.

Cepo monetario. Tras desarmar exitosamente el cepo cambiario y solucionar el juicio con los holdouts , el gobierno que asumió en diciembre de 2015 lo reemplazó por un cepo monetario: se embarcó en una política de altas tasas de interés y atraso cambiario con el pretexto de combatir la inflación.

El Banco Central inundó la plaza financiera con LEBAC para controlar el tipo de cambio. Se generó un enorme desfasaje cambiario que culminó en el estallido de mayo de 2018. Debió recurrirse al Fondo Monetario Internacional para evitar un nuevo default. Mientras tanto, -como hemos visto- se aceleraba el proceso inflacionario.

La montaña rusa de las LEBAC fue reemplazada por la de las LELIQ que ya superan el billón de pesos. Híper-recesión. Nuevamente bajo el pretexto de combatir la inflación, a partir de setiembre pasado se lanzó un plan basado en el crecimiento cero de la base monetaria. Congelar la emisión monetaria cuando la inflación bordea el 50% sólo puede producir un único resultado: drástica caída en el nivel de la actividad económica.

Es como clavar los frenos en un tren de alta velocidad; el resultado sólo puede ser el descarrilamiento. Es lo que ocurrió durante el último trimestre del año pasado y continúa actualmente, con derrumbes notables en la construcción, la industria automotriz y la de electrodomésticos.

Argentina ha sido una suerte de laboratorio donde teorías y prácticas económicas disparatadas se han ensayado con los resultados que saltan a la vista. Ideas absurdas fueron presentadas como originales genialidades y su fracaso atribuido a algún factor externo que vino a interponerse justo cuando estaban por llevar al éxito.

Es hora de recuperar la sensatez y el sentido común. Esto no es fácil en un mundo donde ambos escasean y los desatinos en economía y en política parecen estar a la orden del día. Pero eso no debe impedir hacer el intento.

Lo que se requiere es un plan que simultáneamente se proponga como metas la estabilidad de precios y el crecimiento económico.
Debe tratarse de un plan integral que ponga al conjunto de los instrumentos de política económica al servicio de ambos objetivos de manera absolutamente coordinada.

En particular, debe entenderse que la inflación es un fenómeno de origen multicausal: generalmente se mezclan componentes monetarios, no monetarios e inerciales. Por ello, el éxito de cualquier estrategia anti-inflacionaria que se encare requiere de un enfoque integral que ataque al conjunto de los factores inflacionarios y no alguno en particular sea el monetario, el fiscal o el inercial.

Por supuesto, no basta con un plan técnicamente coherente; ésta es tan solo una condición necesaria. Se requiere asimismo convencer a la sociedad de su viabilidad y generar el consenso necesario para llevarlo adelante a pesar de las dificultades que seguramente enfrentará: la economía argentina es un enfermo en terapia intensiva conectado a un pulmotor llamado FMI. Pero por ello mismo tampoco podrá tolerar nuevos ensayos de mala praxis.
Por Víctor A Beker

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